mi tío Jack
es un ratón
es una casa en llamas
es una guerra a punto de estallar
es un hombre que baja por la calle con un cuchillo clavado en la
espalda
mi tío Jack
es el embarcadero de Santa Mónica
es una almohada azul cubierta de polvo
es un perro blanco y negro que se rasca
es un hombre con un solo brazo que enciende un cigarrillo con una
sola mano.
mi tío Jack
es una rebanada de pan quemado
es el lugar en el que te has olvidado de buscar las llaves
es el placer de encontrar 3 rollos de papel higiénico en el armario
es el peor sueño que hayas tenido nunca y que no puedes recordar.
mi tío Jack
es el petardo que te explotó en la mano
es tu gato, atropellado y muerto a la entrada de tu casa a las 10:30
de la mañana
es la partida de dados que ganaste en el aparcamiento de Santa Anita
es el hombre por el que te dejó tu mujer aquella noche en que
estabais en la habitación de un hotelucho.
mi tío Jack
es tu tío Jack
es la muerte que se acerca como un mercancías
es un payaso de ojos llorosos
es el gato del coche y tus uñas y el ulular de la montaña más alta.
Levanto el auricular a las tres de la mañana y se que es el. “How are you, Darling” me dice y yo contesto que bien. Después hay un momento en el que carraspea, narigueta, escupe e insulta a algún transeúnte en un alemán vulgar. Es mi tío Jack, es –como la poesía de Bukowsky- el tío de todos.
_ ¿Donde estas tío?_ pregunto, cuando creo que ya se ha olvidado que tiene el teléfono colgando de la mano, pues, pufff, mi tío Jack, es eso…mi tío Jack.
_ Cerca de la torre Eiffel_ contesta, jadeando_ Esta cosa es horrible. Pero horrible horrible. Es como una pirámide flaca y desnutrida. Pero ni siquiera tiene el misterio de las pirámides, ese misterio que dan los siglos. Parece una modelo anoréxica o algo así. Y es alta, demasiado alta ¿Sabes cuanto mide?
_ Unos trecientos metros, tío.
_ ¿Como sabes eso? Yo nunca me entero de nada. Como sea, las cosas grandes nunca me gustaron. Es como dice Hubert Farnsworth: “las cosas grandes no son lindas”. Yo nunca entendí por que la gente cree que la grandeza de algo es una virtud en si misma. Siempre encontré más belleza en las cosas pequeñas que en las grandes. Me encantan los recuerdos de la torre Eiffel por ejemplos, esas torrecitas de quince centímetros, pero la torre original en cambio me parece una abominación.
_ Que casualidad, la torre original en verano crece unos quince centímetros más.
_ ¿De verdad? Debe ser que el calor la expande. Como sea. Le falta carisma. Seguro que en la construcción no murió nadie. En el puente de Brooklyn murieron una veintena de obreros, cinco en el Empire State, miles en las pirámides, cientos de miles en la muralla china. A la gente le encanta pensar que las piedras están manchadas de sangre y hay carne encerrada en el hormigón. Es como si estas cosas gigantes estuvieran cimentadas sobre las almas de los obreros ¿sabes si murió alguien en la torre?
_ Uno solo. Pero no trabajando. Fue un domingo con la novia y se cayó de una viga haciéndose el vivo.
_ Estos franceses son ridículos hasta en las tragedias_ carraspeo y de repente pareció recordar algo_ ¿Te dije que una de mis películas se hizo en las pirámides? Era sobre unos gusanos extraterrestres. Estos gusanos extraterrestres venían de la época de los faraones y poseían a la gente. Imhotep había logrado una cura para los gusanos y los había encerrado en un cofre siglos antes de cristo, pero unos ladrones de tumba los descubrían y volvían a invadir la tierra. Creo que la película costo unos ventidosmil dólares. Lo raro es que hasta la mitad de la película yo creí que estábamos haciendo una película sobre la vida de Borges. Por lo menos eso era el guión que había entregado.
_ ¿Estas seguro que eran las pirámides de verdad, tío? Quiero decir…por ventidos mil dólares no creo que hayan podido transportar mucho equipo hasta Egipto.
_ Si, puede ser que fuera un escenario nomás. Yo que se. Lo que me pregunto es que habrá pasado con el guión de la película de Borges.
_ Lo transformaste en una obra de teatro, lo traduciste al alemán y me lo mandaste a mi. Yo lo mande a un concurso en la feria del libro de Frankfurt hace unos años y ganaste el primer premio. Están las fotos en Internet. La estatuilla me la mandaste un tiempo después por correo. La tengo yo en mi repisa.
_ ¿Sabes que pensaba que me gustaría ser?
_ No.
_ Me gustaría ser camionero en Japón. Me podría comprar uno de esos camiones japoneses que tienen aire, televisión, Internet y lugar para dormir y cocinar y viajar por todo Japón trabajando de camionero. Iría de un lado al otro. Japón es finito y largo por lo que estaría yendo prácticamente de un lado al otro. Podría andar por esas ciudades que son una copia grotesca de occidente y después salir a la carretera y encontrarme con las casas campesinas y esos templos antiguos. Japón tiene carreteras muy buenas, atraviesan montañas y campos y arrozales. Podría dormir en cualquier parte. A veces nieva. Me gustaría ser camionero japonés
Friday, July 8, 2011
Saturday, July 2, 2011
El pequeño hombre que no estaba allí
(William Hughes Mearns)
Ayer, en la escalera,
Conocí a un hombre que no estaba allí
Él no estaba allí hoy de nuevo
Me gustaría, me gustaría que se fuera ...
Cuando llegué a casa anoche a las tres
El hombre estaba allí esperando por mí
Pero cuando miré alrededor de la sala
Yo no lo podía ver en absoluto!
Vete, vete, no vuelvas nunca más!
Vete, vete de aquí, y por favor no azotes la puerta
Anoche vi en la escalera
Un pequeño hombre que no estaba allí
Él no estaba allí hoy de nuevo
¡Oh, cómo me gustaría que se fuera
Ayer, en la escalera,
Conocí a un hombre que no estaba allí
Él no estaba allí hoy de nuevo
Me gustaría, me gustaría que se fuera ...
Cuando llegué a casa anoche a las tres
El hombre estaba allí esperando por mí
Pero cuando miré alrededor de la sala
Yo no lo podía ver en absoluto!
Vete, vete, no vuelvas nunca más!
Vete, vete de aquí, y por favor no azotes la puerta
Anoche vi en la escalera
Un pequeño hombre que no estaba allí
Él no estaba allí hoy de nuevo
¡Oh, cómo me gustaría que se fuera
Monday, May 30, 2011
Thursday, May 26, 2011
Tito y Toti
_ ¿Que hace Toti?
_ Eh, tito, sos vos, como andas.
_ Bien, acá ¿vos?
_ Bien.
_ ¿Que estas haciendo?
_ Nada, estaba tratando de chorearme esta bici.
_ ¿Y de quien es?
_ Yo que se, boludo, me la estoy choreando. Pero igual no da, no puedo abrir el candado de mierda este.
_ ¿Y vos desde cuando sabes abrir candados?
_ Trabajo en una cerrajería, boludo.
_ En el mostrador.
_ Si, pero se aprenden cosas.
_ Toti, fuiste a la escuela nueve años y no sabes sumar.
_ La escuela!! La escuela!! ¿Qué carajo enseñan en la escuela? Esto es diferente, Tito.
_ ¿Ah si? ¿Y como aprendiste?
_ Mirando, tito. Espío al coreano cuando hace las copias de las llaves, por la puerta, ¿sabes? Tiene una maquina para hacer llaves. Pone la llave original y después hace la copia haciendo unos movimientos con la maquina. Y para hacer la copia hace más o menos siempre los mismos movimientos ¿Entendes?
_ No.
_ Los movimientos, tito!! Los movimientos son casi siempre los mismos, lo que quiere decir que las llaves son más o menos siempre las mismas. Y si las llaves son parecidas las cerraduras también. Lo único que hay que hacer es aprenderse los movimientos que hace con la maquina. Si todas las llaves se hacen con un par de movimientos parecidos entonces las cerraduras tienen que abrirse aplicando esos movimientos. Como si fuera una especie de “código Da Vinci” de las cerraduras ¿Entendes?
_ No, si. Vos tito estas fumando o ya te estas cortando con drogas mas pesadas. Le estas dando al acido o algo…..Ahhhh, ya se. Ya se que pasa acá. Estas yendo otra vez a la cumbiancha. Estas yendo a la cumbiancha ¿No? ¿Que dijimos de ir a la cumbiancha, Toti? Sabes que le tiran pastillas adentro del vino, sabes que todas esas cosas te hacen mál.
_ Te juro que no, tito.
_ No me mientas!!
_ Te digo que no. Hace un mes que no voy a la cumbiancha. Palabra.
_ No vas a la cumbiancha. Esta bien. Entonces, a ver, explícame como es ese movimiento que vos aprendiste mirando al coreano.
_ Es una cosa así, tito.
_ ¿Ese es el código Da Vinci de las cerraduras?
_ Si.
_ Y cuantas cerraduras lograste abrir con ese truco.
_ Ninguna.
_ ¿Ninguna?
_Ninguna. Pero lo estoy perfeccionando.
_ Y me juras que no estas yendo a la cumbiancha.
_ Te lo juro, tito.
_ ¿Y me podes decir para que te queres robar una cosa tan pedorra como una bicicleta?
_ Es toda una historia, tito. El otro dia fui a lo de mi primo el Rulo ¿Lo conoces?
_ Si, el gordito de rulos.
_ No, ese es el Pandi. El otro digo.
_ ¿Cuál?
_ El alto de pelito cortó.
_ ¿Ese es el rulo?
_ Si
_ ¿Y el gordito de rulos es el Pandi?
_ Si
_ ¿Y porque le dicen Rulo al que no tiene rulos?
_ Porque cuando tenia el pelo largo se le formaban bucles.
_ ¿Y?
_ Y yo que se boludo, debe ser porque los bucles son como rulos grandotes. Te puedo contar la historia o no.
_ Si, dale.
_ Bueno, estaba tomando algo con la gallega y fui a lo del Rulo. Tomamos unas cervezas y después me presto la bici para ir a comprar más birra. ¿Me seguís hasta ahí?
_ Si.
_ Entonces salí en la bici y después no me acuerdo más.
_ ¿Como que no te acordas mas?
_ No me acuerdo más. Me acuerdo que saque la bici, di unas pedaleadas y después me levante y estaba en casa tirado en casa en la cama. Ya había pasado todo un dia. De la bici ni noticia.
_ Y estabas tan castofiado.
_ Algo.
_ ¿Algo cuanto?
_ Yo que se, algo. Pero la verdad nunca me había pasado algo así. Quiero decir…No tengo ni idea de que paso en todo ese tiempo.
_ ¿Y a que hora saliste de lo del Rulo?
_ Tipo siete y media, ocho de la tarde.
_ ¿Y a que hora te levantaste en tu casa?
_ Tipo cuatro, cuatro y media de la tarde.
_ ¿Y estas seguro de que no estas yendo a la cumbiancha?
_ No, boludo, te juro. La cagada es la bici del Rulo.
_ Y todavía no te la reclamo.
_ No, el lunes el se va a capital a laburar y para en lo de la novia. Así que tengo tres días para recuperarla.
_ ¿Y esta es parecida a la del Rulo?
_ Si, algo, aunque la del Rulo tenia canasto adelante…..y portaequipaje….y era azul no anaranjada.
_ ¿Pero tenia dos ruedas igual que esta?
_ Claro.
_ Vos toti a veces me preocupas.
_ ¿Por qué, boludo?
_ Por nada en particular, es todo un combo de insensateces. Pero si te lo explico no lo entenderías.
_ Eh, tito, sos vos, como andas.
_ Bien, acá ¿vos?
_ Bien.
_ ¿Que estas haciendo?
_ Nada, estaba tratando de chorearme esta bici.
_ ¿Y de quien es?
_ Yo que se, boludo, me la estoy choreando. Pero igual no da, no puedo abrir el candado de mierda este.
_ ¿Y vos desde cuando sabes abrir candados?
_ Trabajo en una cerrajería, boludo.
_ En el mostrador.
_ Si, pero se aprenden cosas.
_ Toti, fuiste a la escuela nueve años y no sabes sumar.
_ La escuela!! La escuela!! ¿Qué carajo enseñan en la escuela? Esto es diferente, Tito.
_ ¿Ah si? ¿Y como aprendiste?
_ Mirando, tito. Espío al coreano cuando hace las copias de las llaves, por la puerta, ¿sabes? Tiene una maquina para hacer llaves. Pone la llave original y después hace la copia haciendo unos movimientos con la maquina. Y para hacer la copia hace más o menos siempre los mismos movimientos ¿Entendes?
_ No.
_ Los movimientos, tito!! Los movimientos son casi siempre los mismos, lo que quiere decir que las llaves son más o menos siempre las mismas. Y si las llaves son parecidas las cerraduras también. Lo único que hay que hacer es aprenderse los movimientos que hace con la maquina. Si todas las llaves se hacen con un par de movimientos parecidos entonces las cerraduras tienen que abrirse aplicando esos movimientos. Como si fuera una especie de “código Da Vinci” de las cerraduras ¿Entendes?
_ No, si. Vos tito estas fumando o ya te estas cortando con drogas mas pesadas. Le estas dando al acido o algo…..Ahhhh, ya se. Ya se que pasa acá. Estas yendo otra vez a la cumbiancha. Estas yendo a la cumbiancha ¿No? ¿Que dijimos de ir a la cumbiancha, Toti? Sabes que le tiran pastillas adentro del vino, sabes que todas esas cosas te hacen mál.
_ Te juro que no, tito.
_ No me mientas!!
_ Te digo que no. Hace un mes que no voy a la cumbiancha. Palabra.
_ No vas a la cumbiancha. Esta bien. Entonces, a ver, explícame como es ese movimiento que vos aprendiste mirando al coreano.
_ Es una cosa así, tito.
_ ¿Ese es el código Da Vinci de las cerraduras?
_ Si.
_ Y cuantas cerraduras lograste abrir con ese truco.
_ Ninguna.
_ ¿Ninguna?
_Ninguna. Pero lo estoy perfeccionando.
_ Y me juras que no estas yendo a la cumbiancha.
_ Te lo juro, tito.
_ ¿Y me podes decir para que te queres robar una cosa tan pedorra como una bicicleta?
_ Es toda una historia, tito. El otro dia fui a lo de mi primo el Rulo ¿Lo conoces?
_ Si, el gordito de rulos.
_ No, ese es el Pandi. El otro digo.
_ ¿Cuál?
_ El alto de pelito cortó.
_ ¿Ese es el rulo?
_ Si
_ ¿Y el gordito de rulos es el Pandi?
_ Si
_ ¿Y porque le dicen Rulo al que no tiene rulos?
_ Porque cuando tenia el pelo largo se le formaban bucles.
_ ¿Y?
_ Y yo que se boludo, debe ser porque los bucles son como rulos grandotes. Te puedo contar la historia o no.
_ Si, dale.
_ Bueno, estaba tomando algo con la gallega y fui a lo del Rulo. Tomamos unas cervezas y después me presto la bici para ir a comprar más birra. ¿Me seguís hasta ahí?
_ Si.
_ Entonces salí en la bici y después no me acuerdo más.
_ ¿Como que no te acordas mas?
_ No me acuerdo más. Me acuerdo que saque la bici, di unas pedaleadas y después me levante y estaba en casa tirado en casa en la cama. Ya había pasado todo un dia. De la bici ni noticia.
_ Y estabas tan castofiado.
_ Algo.
_ ¿Algo cuanto?
_ Yo que se, algo. Pero la verdad nunca me había pasado algo así. Quiero decir…No tengo ni idea de que paso en todo ese tiempo.
_ ¿Y a que hora saliste de lo del Rulo?
_ Tipo siete y media, ocho de la tarde.
_ ¿Y a que hora te levantaste en tu casa?
_ Tipo cuatro, cuatro y media de la tarde.
_ ¿Y estas seguro de que no estas yendo a la cumbiancha?
_ No, boludo, te juro. La cagada es la bici del Rulo.
_ Y todavía no te la reclamo.
_ No, el lunes el se va a capital a laburar y para en lo de la novia. Así que tengo tres días para recuperarla.
_ ¿Y esta es parecida a la del Rulo?
_ Si, algo, aunque la del Rulo tenia canasto adelante…..y portaequipaje….y era azul no anaranjada.
_ ¿Pero tenia dos ruedas igual que esta?
_ Claro.
_ Vos toti a veces me preocupas.
_ ¿Por qué, boludo?
_ Por nada en particular, es todo un combo de insensateces. Pero si te lo explico no lo entenderías.
Wednesday, May 18, 2011
Violet_ The hole
Asi ellos consiguen lo que quieren;
y nunca lo vuelven a querer otra vez
Entonces ve y tomalo todo, todo, y te quiero a vos tambien
y nunca lo vuelven a querer otra vez
Entonces ve y tomalo todo, todo, y te quiero a vos tambien
Wednesday, May 11, 2011
Radiohead pieces
Soy una polilla
que quiere compartir tu luz
Soy solo un insecto
tratando de salir de la noche
que quiere compartir tu luz
Soy solo un insecto
tratando de salir de la noche
Tuesday, May 10, 2011
F destila un poco de furia
Frankfurt nunca creyó que la llegaría a odiar. Ni siquiera supo que era capaz de odiar de semejante forma. Tenía una colección completa de sus sonrisas guardada en su cabeza. Una sonrisa como de un ángel mirándolo de frente. Ahora cada vez que alguien sonreía debía agachar la cabeza para no llorar de rabia. .
Nadie es Macedonio Fernández, pensaba Frankfurt. Ojala pudiera llevar el amor como una mochila y no esto. Pero el odio le burbujeaba dentro. Había cambiado el sentimiento pero no la intensidad. Otto Luchsinger era ahora una guerra.
Siempre había pensado que ella era una luz en el camino. Siempre había pensado que una corta vida de malas decisiones ella había sido la correcta. Su sola existencia lo justificaba. Esa luz que el veía le servia para sonreír en las mañanas.
Ahora se lo había robado todo.
Ya no le pertenecía ni siquiera su imagen. Se había quedado en la más completa de las oscuridades.
Otto Luchsinger es ahora una guerra, pensó Frankfurt, y yo soy treinta y tres millones de rusos. Morirá un soldadito por dia y por fin todo esto se diluirá. Y cuando ya no quede nada ya no habrá nada porque preocuparse
Nadie es Macedonio Fernández, pensaba Frankfurt. Ojala pudiera llevar el amor como una mochila y no esto. Pero el odio le burbujeaba dentro. Había cambiado el sentimiento pero no la intensidad. Otto Luchsinger era ahora una guerra.
Siempre había pensado que ella era una luz en el camino. Siempre había pensado que una corta vida de malas decisiones ella había sido la correcta. Su sola existencia lo justificaba. Esa luz que el veía le servia para sonreír en las mañanas.
Ahora se lo había robado todo.
Ya no le pertenecía ni siquiera su imagen. Se había quedado en la más completa de las oscuridades.
Otto Luchsinger es ahora una guerra, pensó Frankfurt, y yo soy treinta y tres millones de rusos. Morirá un soldadito por dia y por fin todo esto se diluirá. Y cuando ya no quede nada ya no habrá nada porque preocuparse
Tuesday, February 8, 2011
Articulo Imperfecto
Voy a ser bueno
voy a ser fiel y sumiso
voy a ser una bestia noble
voy a decir la verdad
toda la verdad y nada mas que la verdad
voy a despertarte por las mañanas
con el desayuno en la cama
y soplare tu nombre en un hueco
susurrare;
Princesa, ya despiertate princesa
Voy a etiquetar los dias;
Lunes, miercoles, sabados
tan solo para vos
Y hasta parecere gentil y servicial
tan dulcemente silencioso
que la gente me creera de reposteria
Voy a ser tuyo desde los pies al corazon
y voy a ser tuyo en pedazos
que te amaran mas que las suma de las partes
Voy a ser tu niño, fuego, padre, amante, algo, aire, sueño, tierra, todo
tu solo mirame princesa
tu tan solo mirame que tan tuyo solo soy princesa
voy a ser fiel y sumiso
voy a ser una bestia noble
voy a decir la verdad
toda la verdad y nada mas que la verdad
voy a despertarte por las mañanas
con el desayuno en la cama
y soplare tu nombre en un hueco
susurrare;
Princesa, ya despiertate princesa
Voy a etiquetar los dias;
Lunes, miercoles, sabados
tan solo para vos
Y hasta parecere gentil y servicial
tan dulcemente silencioso
que la gente me creera de reposteria
Voy a ser tuyo desde los pies al corazon
y voy a ser tuyo en pedazos
que te amaran mas que las suma de las partes
Voy a ser tu niño, fuego, padre, amante, algo, aire, sueño, tierra, todo
tu solo mirame princesa
tu tan solo mirame que tan tuyo solo soy princesa
Tuesday, September 21, 2010
Sobre El incomparable
Castor, el de las verduras, y Pólux, el de los frutos, permanecían inertes, esperando pacientes la llegada de los clientes. Cuando veían que a su puerta se acercaba la Marta, la Claudia o la Macarena los dos atacaban prontos contando sobre las bondades de sus respectivas mercaderías. Las verduras, verdes y vivas, los frutos acaparando los siete colores del arco iris. En un contrapunto eléctrico, carnal y algo siempre estrafalario. Y cuando la Marta, la Claudia o la Macarena dábanse cuenta muy tarde al punto de la triquiñuela de los jóvenes hados rebosaba su bolsa como un cuerno de abundancia de rojas y jugosas frutas y verdes y deliciosas verduras. Y no era esta estafa algo que reprobar, porque es el alimento que crece en la madre tierra el más sabroso, el más sano de todos, y era un bien lo que los mellizos hacían a su clientela. Por que no había en el barrio de Parque Centenario ni en otro de los cien barrios de la Santa María de Buenos Aires verduleros más probos, avezados y amantes de su mercadería.
Entre ambos se alzaba la puerta, y en el fondo, rodeado de cientos y cientos de cajas de huevos se filtraba la imagen del incomparable Benito J. Mancilla, sentado sobre una vieja banqueta de sólida madera, que era firme trono de su modesto palacio, mirando a través del hueco de la puerta, y de la calle y los autos que pobremente cruzaban por allí, la fachada del negocio del nefasto Butcher, que vendía su carne en un pequeño local que había dado a llamar “La sangre fresca”. Era enorme y gordo Benito J. Mancilla, con su canosa barba rozándole los pezones rosados, y su cuerpo pesado y olímpico. Usaba tan solo unos shorts con los colores de Boca Junior y unas chancletas de goma algo gastadas, que resonaban en los pasillo de la verdulería como si un ángel fuera asfaltando a latigazos el suelo que recorrían sus pasos.
Allí se dirigió el pibe Fray Banana. Que allí estaba su norte, su fin, su estirpe y su oráculo. Y cuando al punto los dos querubines que como Jano el cuadrifronte cuidaban la puerta de la verdulería lo vieron venir gritaron hacia el fondo donde meditaba el incomparable Benito J. Mansilla.
_ Incomparable señor de las verduras, al paso esta el primogénito, viniendo con veloces pasos, como un hado que fuga de un terrible monstruo como puede ser tal el odio o tal el amor.
_ Incomparable señor de los frutos, el primogénito se acerca, se rostro lleva las marcas de un sopor narcótico, sea el de los sueños o el de los despertares. Viene con paso veloz y errático, como un hado que fuga de un terrible monstruo como puede ser tal el odio o tal el amor.
Y el incomparable, inmutable, revolvía sus barbabas con una mano, y esperaba airoso la entrada del primogénito, que rara vez pasaba frente a la simetría de la verdulería de Benito J. Mancilla, para decir “hola” o ver la salud de la Milenaria que en una silla de ruedas en el fondo del negocio familiar cabalgaba presurosa a la muerte al lomo de sus ciento trece años. Tan solo, acompañado de un grupo de titanes, vagaba por las calles del barrio, agorando famélicas notas que devoraban la paz del tiempo y el espacio. Y dilataba y contraía sus pupilas al punto. Tal era la costumbre del hijo primigenio, que era toda la luz de sus ojos y carne de su carne y sangre de su sangre.
Entre ambos se alzaba la puerta, y en el fondo, rodeado de cientos y cientos de cajas de huevos se filtraba la imagen del incomparable Benito J. Mancilla, sentado sobre una vieja banqueta de sólida madera, que era firme trono de su modesto palacio, mirando a través del hueco de la puerta, y de la calle y los autos que pobremente cruzaban por allí, la fachada del negocio del nefasto Butcher, que vendía su carne en un pequeño local que había dado a llamar “La sangre fresca”. Era enorme y gordo Benito J. Mancilla, con su canosa barba rozándole los pezones rosados, y su cuerpo pesado y olímpico. Usaba tan solo unos shorts con los colores de Boca Junior y unas chancletas de goma algo gastadas, que resonaban en los pasillo de la verdulería como si un ángel fuera asfaltando a latigazos el suelo que recorrían sus pasos.
Allí se dirigió el pibe Fray Banana. Que allí estaba su norte, su fin, su estirpe y su oráculo. Y cuando al punto los dos querubines que como Jano el cuadrifronte cuidaban la puerta de la verdulería lo vieron venir gritaron hacia el fondo donde meditaba el incomparable Benito J. Mansilla.
_ Incomparable señor de las verduras, al paso esta el primogénito, viniendo con veloces pasos, como un hado que fuga de un terrible monstruo como puede ser tal el odio o tal el amor.
_ Incomparable señor de los frutos, el primogénito se acerca, se rostro lleva las marcas de un sopor narcótico, sea el de los sueños o el de los despertares. Viene con paso veloz y errático, como un hado que fuga de un terrible monstruo como puede ser tal el odio o tal el amor.
Y el incomparable, inmutable, revolvía sus barbabas con una mano, y esperaba airoso la entrada del primogénito, que rara vez pasaba frente a la simetría de la verdulería de Benito J. Mancilla, para decir “hola” o ver la salud de la Milenaria que en una silla de ruedas en el fondo del negocio familiar cabalgaba presurosa a la muerte al lomo de sus ciento trece años. Tan solo, acompañado de un grupo de titanes, vagaba por las calles del barrio, agorando famélicas notas que devoraban la paz del tiempo y el espacio. Y dilataba y contraía sus pupilas al punto. Tal era la costumbre del hijo primigenio, que era toda la luz de sus ojos y carne de su carne y sangre de su sangre.
Thursday, May 20, 2010
Una mujer con dientes chuecos
Me desespere
Sus ojos eran dos relámpagos
Que clase de poeta podría ser yo?
Enamorándome de una mujer con dientes chuecos
Desalineados, filosos
Como una cordillera borracha
De picos sedientos de sangre
Naciendo arriba y abajo
Presa de mi antepenúltima estupidez
Reacio
Extraviado
Perdido
Roto
Mírenme ahora
Que me han robado mi topografía
Y tenido que aprender a vivir en el llano
Balanceándome en el arte viril de mi locura
tan solo, hermoso e infame
diganme ahora
Que clase de poeta podría ser?
Sus ojos eran dos relámpagos
Que clase de poeta podría ser yo?
Enamorándome de una mujer con dientes chuecos
Desalineados, filosos
Como una cordillera borracha
De picos sedientos de sangre
Naciendo arriba y abajo
Presa de mi antepenúltima estupidez
Reacio
Extraviado
Perdido
Roto
Mírenme ahora
Que me han robado mi topografía
Y tenido que aprender a vivir en el llano
Balanceándome en el arte viril de mi locura
tan solo, hermoso e infame
diganme ahora
Que clase de poeta podría ser?
Sunday, May 16, 2010
Tuesday, May 4, 2010
Pando
El otro dia, hablando con el doctor Nicolás Lacaza, reconocido tribunalista argentino, surgió una charla arto interesante. Lacaza me contó haber adquirido un libro del escritor, filósofo y psiquiatra Agustín Thom llamado “Los orígenes robados” donde Thom develaba los orígenes bastardos de algunas más arraigadas costumbres argentinas.
No quede más que estupefacto ante los relatos de Lacaza. Yo conocía la obra de Thom, y había leído alguna vez un libro suyo que trataba sobre el egocentrismo en su forma individual y social como enfermedad enquistada en la sociedad argentina llamado “Gaucho, no te comas la alpargata” que me había dejado gratamente sorprendido.
Entre las historias que me contó Lacaza la que más me impacto fue la del truco, que según Thom, es de origen chino.
Al parecer, hace ya siglos, en la antigua china se jugaba a un juego de cartas llamado “Pando” que seguía las mismas reglas que el truco. El juego era increíblemente popular. Sin embargo, a fines del siglo XVIII, la fabrica de cartas de Pando se incendio en medio de una tormenta y las cartas se dejaron de fabricar. Los pobladores, fuertemente arraigados a sus costumbres, trataron de seguir con la tradición jugando con los mazos viejos, pero cuando empezaron a mezclarse las cartas de lomo azul con las de lomo rojo supieron que todo estaba perdido. El pando término por desaparecer para siempre de la cultura china. Sin cartas que jugar, y sin nada que hacer, los habitantes chinos se pusieron a trabajar, lo que asegura Thom es causa directa del repunte económico chino de los últimos siglos.
Como llego el juego a la argentina es un misterio. Se sabe que gano popularidad rápidamente entre los habitantes de las pampas y que su nombre actual se debe a un simple equivoco, pero no mucho mas que eso.
Filiberto Saavedra, alias “El rey de la merezunda” fue uno de los más famosos jugadores de naipes de la Argentina. Se lo solía ver dia y noche en el bar “Los tres tragos” de Palermo jugando todo tipo de juegos de mazo. Fue allí que Ismael Braumovich, un judío viajante, le enseño las reglas del pando. Al parecer, Filiberto Saavedra, maravillado, le habría preguntado a Ismael cual era el nombre del juego. Este, acuciado por deudas de juegos y problemas impositivos, sin prestarle mayor atención y pensando quien sabe que, habría contestado “El turco”, a lo que Filiberto, también por equivocación y falta de atención habría entendido “El truco”.
Mas allá de la confusión y los desaciertos de su nacimiento, la realidad dicto que desde ese dia Filiberto no jugara otro juego de cartas que no fuera el pando o truco, imprimiéndole increíble popularidad entre la barriobajera porteña que lo llevo rápidamente mas allá de los limites de la vieja Buenos Aires.
De lo que poco que se sabe del antiguo juego del pando, mas allá de las ya archiconocidas reglas, es que en vez de cantar “truco” se cantaba “Fenshui”, en vez de “envido” se decía “Irancromo” y que cuando se apostaba dinero era obligación jugar en calzoncillos. Esta ultima regla se abolió pues en aquella época al quitarse los pantalones se les caían los cuchillos, las demás no se sabe bien en que momento de la historia fueron reemplazadas. Sin embargo, si alguien jugando con su abuelo, o su bisabuelo, lo escucha gritar “FENSHUI”, no se sorprenda, recuerde que solo tiene que decir “quiero” o “no quiero”
No quede más que estupefacto ante los relatos de Lacaza. Yo conocía la obra de Thom, y había leído alguna vez un libro suyo que trataba sobre el egocentrismo en su forma individual y social como enfermedad enquistada en la sociedad argentina llamado “Gaucho, no te comas la alpargata” que me había dejado gratamente sorprendido.
Entre las historias que me contó Lacaza la que más me impacto fue la del truco, que según Thom, es de origen chino.
Al parecer, hace ya siglos, en la antigua china se jugaba a un juego de cartas llamado “Pando” que seguía las mismas reglas que el truco. El juego era increíblemente popular. Sin embargo, a fines del siglo XVIII, la fabrica de cartas de Pando se incendio en medio de una tormenta y las cartas se dejaron de fabricar. Los pobladores, fuertemente arraigados a sus costumbres, trataron de seguir con la tradición jugando con los mazos viejos, pero cuando empezaron a mezclarse las cartas de lomo azul con las de lomo rojo supieron que todo estaba perdido. El pando término por desaparecer para siempre de la cultura china. Sin cartas que jugar, y sin nada que hacer, los habitantes chinos se pusieron a trabajar, lo que asegura Thom es causa directa del repunte económico chino de los últimos siglos.
Como llego el juego a la argentina es un misterio. Se sabe que gano popularidad rápidamente entre los habitantes de las pampas y que su nombre actual se debe a un simple equivoco, pero no mucho mas que eso.
Filiberto Saavedra, alias “El rey de la merezunda” fue uno de los más famosos jugadores de naipes de la Argentina. Se lo solía ver dia y noche en el bar “Los tres tragos” de Palermo jugando todo tipo de juegos de mazo. Fue allí que Ismael Braumovich, un judío viajante, le enseño las reglas del pando. Al parecer, Filiberto Saavedra, maravillado, le habría preguntado a Ismael cual era el nombre del juego. Este, acuciado por deudas de juegos y problemas impositivos, sin prestarle mayor atención y pensando quien sabe que, habría contestado “El turco”, a lo que Filiberto, también por equivocación y falta de atención habría entendido “El truco”.
Mas allá de la confusión y los desaciertos de su nacimiento, la realidad dicto que desde ese dia Filiberto no jugara otro juego de cartas que no fuera el pando o truco, imprimiéndole increíble popularidad entre la barriobajera porteña que lo llevo rápidamente mas allá de los limites de la vieja Buenos Aires.
De lo que poco que se sabe del antiguo juego del pando, mas allá de las ya archiconocidas reglas, es que en vez de cantar “truco” se cantaba “Fenshui”, en vez de “envido” se decía “Irancromo” y que cuando se apostaba dinero era obligación jugar en calzoncillos. Esta ultima regla se abolió pues en aquella época al quitarse los pantalones se les caían los cuchillos, las demás no se sabe bien en que momento de la historia fueron reemplazadas. Sin embargo, si alguien jugando con su abuelo, o su bisabuelo, lo escucha gritar “FENSHUI”, no se sorprenda, recuerde que solo tiene que decir “quiero” o “no quiero”
Wednesday, February 24, 2010
Las manos de un dictador
“Deje el acohol..... y no se ni donde lo puse” bromeo el viejo
frente a su vino triste, con su mirada triste, bajo el techo triste del bodegon
Yo pude no sonreir, pero lo hice
La barra era una soledad de moscas
Afuera, por la ventana, eran siempre las tres de la tarde
El sol castigaba el asfalto
Hojas y envoltorios pasaban rodando
Y a lo lejos
En un país extraño
Una mujer se entregaba a las manos de un dictador
“No, de verdad, lo dejo” insistio
ya no quedaba rastro ni de su tristeza
Y yo
aun cuando hubiese querido
no hubiese podido juntar fuerzas ni siquiera para bostezar
frente a su vino triste, con su mirada triste, bajo el techo triste del bodegon
Yo pude no sonreir, pero lo hice
La barra era una soledad de moscas
Afuera, por la ventana, eran siempre las tres de la tarde
El sol castigaba el asfalto
Hojas y envoltorios pasaban rodando
Y a lo lejos
En un país extraño
Una mujer se entregaba a las manos de un dictador
“No, de verdad, lo dejo” insistio
ya no quedaba rastro ni de su tristeza
Y yo
aun cuando hubiese querido
no hubiese podido juntar fuerzas ni siquiera para bostezar
Saturday, February 13, 2010
Guacha
¿En que pensas cuando pensas guacha?
Si sabes que no podes escapar
Con todo tu tiempo bien gastado
Tus amores prolijos
Tus programas de fin de semana
La primera vez que te vi me robe tu imagen
Y ahora la acaricio
La uso para masturbarme
Apresándola entre mis dientes
Guacha
Puta
Angel
Ojos de flor y mar
Demonio
Yo soy un cancer dulce que te carcome
Soy la espada en la piedra
La palabra que soñas nombrar
¿A que le temes tanto guacha?
A veces me haces descostillar de risa
Escondiendo la cabeza como un avestruz
En esos huecos con brillo pequeñoburgues
Yo soy vos
Guacha
Soy la sangre que te falta
Si yo conozco todos los pasillos
Las habitaciones, los cajones
Los dobles fondos escondidos
Puedo derrumbar todos tus castillos de naipes con una sola mano
Puedo encender tu sexo de un soplo
Tanta civilidad te va a terminar matando
Guachita
Infame
Idiota
amor
Si sabes que no podes escapar
Con todo tu tiempo bien gastado
Tus amores prolijos
Tus programas de fin de semana
La primera vez que te vi me robe tu imagen
Y ahora la acaricio
La uso para masturbarme
Apresándola entre mis dientes
Guacha
Puta
Angel
Ojos de flor y mar
Demonio
Yo soy un cancer dulce que te carcome
Soy la espada en la piedra
La palabra que soñas nombrar
¿A que le temes tanto guacha?
A veces me haces descostillar de risa
Escondiendo la cabeza como un avestruz
En esos huecos con brillo pequeñoburgues
Yo soy vos
Guacha
Soy la sangre que te falta
Si yo conozco todos los pasillos
Las habitaciones, los cajones
Los dobles fondos escondidos
Puedo derrumbar todos tus castillos de naipes con una sola mano
Puedo encender tu sexo de un soplo
Tanta civilidad te va a terminar matando
Guachita
Infame
Idiota
amor
Las maravillas que han visto nuestros ojos
Un pibe escuchando los Rolling Stone en una playa Carioca
El rostro de Alejandro contemplando Macedonia
Y el dolor
Y el fango
El hombre que ve la patria devastada
El pez que ha sobrevivido a las frías aguas del pacifico por diez mil generaciones
El cielo que no ha sido siempre azul
Y el azufre
Vivo sobre los techos de Pompeya
El oro pobre de los reyes
Y los días que han caído simples como gotas
Sobre un techo de zinc
Las manos de Isabel la grande
Y todos los hombres que no ha tocado
Y el amor;
Frágil y estupido como un moño alrededor de un regalo
El rugir del primer motor una noche silenciosa
Y el humo inocente alzándose como un verdugo
Las maravillas que han visto nuetros ojos
La fidelidad de los perros;
Inalterable, estupida, preciosa
El hombre que lloro por su hermano
Y fue olvidado
El terror; primigenio…
Candido como un sol
Padre de todas las generaciones
Y los dias de fiesta en el alto Perú
Antes de que el blanco devastara la inocencia
La torpeza de un enamorado primerizo
Y la primera flor naciendo sobre la tierra humedad y fértil
La ternura;
Suave como un manto
Cayendo sobre un viejo que parece un recién nacido
La dulzura quieta del céfiro
Y el milésimo quinto dia de batalla
Y napoleón
Y Hitler
Y la gracia sangrienta de la pequeñez
El grillo y su canto
El rostro que sabes jamás se borrara de tu mente
Y ese instante preciso….
Donde las pupilas se tocan como dos manos
La tierra sacudiendo al hombre
Recordándole su alma de hormiga
Y todos los días que son hoy
Y el terror
Y el espanto
Y yo preguntadome ingenuo
donde descansaran.....
Las maravillas que han visto nuestros ojos
El rostro de Alejandro contemplando Macedonia
Y el dolor
Y el fango
El hombre que ve la patria devastada
El pez que ha sobrevivido a las frías aguas del pacifico por diez mil generaciones
El cielo que no ha sido siempre azul
Y el azufre
Vivo sobre los techos de Pompeya
El oro pobre de los reyes
Y los días que han caído simples como gotas
Sobre un techo de zinc
Las manos de Isabel la grande
Y todos los hombres que no ha tocado
Y el amor;
Frágil y estupido como un moño alrededor de un regalo
El rugir del primer motor una noche silenciosa
Y el humo inocente alzándose como un verdugo
Las maravillas que han visto nuetros ojos
La fidelidad de los perros;
Inalterable, estupida, preciosa
El hombre que lloro por su hermano
Y fue olvidado
El terror; primigenio…
Candido como un sol
Padre de todas las generaciones
Y los dias de fiesta en el alto Perú
Antes de que el blanco devastara la inocencia
La torpeza de un enamorado primerizo
Y la primera flor naciendo sobre la tierra humedad y fértil
La ternura;
Suave como un manto
Cayendo sobre un viejo que parece un recién nacido
La dulzura quieta del céfiro
Y el milésimo quinto dia de batalla
Y napoleón
Y Hitler
Y la gracia sangrienta de la pequeñez
El grillo y su canto
El rostro que sabes jamás se borrara de tu mente
Y ese instante preciso….
Donde las pupilas se tocan como dos manos
La tierra sacudiendo al hombre
Recordándole su alma de hormiga
Y todos los días que son hoy
Y el terror
Y el espanto
Y yo preguntadome ingenuo
donde descansaran.....
Las maravillas que han visto nuestros ojos
Sunday, October 25, 2009
The loneliness
A veces me siento solo
Como un monoblock vacío
Abandonado en el centro de un pueblito de una ex republica soviética
Como un astronauta divorciado
Mirando la luna con una lata de cerveza en la mano
Como el viejo Fiedor Dovstoiesky en su celda
Esperando la esquiva muerte
A veces me siento….
Como la sección deportiva de un diario uruguayo
Abandonado en una convención de amas de casa japonesas
Como un perro al que se la ha muerto el amo
Y mira la negrura de una insípida lapida de mármol
Como una dado en el fondo de una caja
De un juego archivado en los mas alto de un ropero
A veces me siento….
Así de simple y de desterrado
Como un monoblock vacío
Abandonado en el centro de un pueblito de una ex republica soviética
Como un astronauta divorciado
Mirando la luna con una lata de cerveza en la mano
Como el viejo Fiedor Dovstoiesky en su celda
Esperando la esquiva muerte
A veces me siento….
Como la sección deportiva de un diario uruguayo
Abandonado en una convención de amas de casa japonesas
Como un perro al que se la ha muerto el amo
Y mira la negrura de una insípida lapida de mármol
Como una dado en el fondo de una caja
De un juego archivado en los mas alto de un ropero
A veces me siento….
Así de simple y de desterrado
Friday, August 28, 2009
Yo Yo
Soñé que estaba conmigo mismo sentado en un tronco que flotaba en altamar. Sentir los pies en el agua, el balanceo del tronco, me llenaban de una extraña sensación de placer y calma. El otro yo, sentado junto a mi, inequívocamente idéntico, me miraba como esperando una respuesta. Pero no se animaba a hablar, y se veía que mi silencio le transmitía cierta seguridad. Cuando por fin desistió miro para adelante como yo, y quedamos así colgados los dos, mirando el horizonte donde dos gamas de azul perfectos se encontraban. Yo sabía que el otro yo era yo, pero aun así lo sentía diferente. Y aun así, aun ignorándolo, le estaba agradecido que estuviera conmigo.
Saturday, August 22, 2009
Las cosas que haría por ti
De las cosas que haría por ti
La primera seria escribir estas palabras
Como una tonada
En mi dedo meñique
Talaria todos lo edificios
Y buildiria árboles de plata
Con la sabia de tu vientre
Because Je te adore
Como un pequeño panquequito
Como un sabio
Como un todo
Como esta cosa adoradora que ahora soy
Je te adore
Los perros me ladran tu nombre en las plazas
Y todos los barman no paran de hablar de tus ojos
Y las mujeres que me aman
Dicen que era mejor amante cuando estaba con vos
Y yo bebo y sonrío
Because je te adore
Like a lover in la La Fontaine des Innocents
Arrojándole monedas al recuerdo de tus pechos
Susurrandome tu nombre
Je te adore
De las cosas que haría por ti
Una seria no obedecerte
Y ser cruel y obstinado
Como un niño en tu vientre
Por que para eso nací y naceré
Por que para eso fui hecho
Because je te adore
La primera seria escribir estas palabras
Como una tonada
En mi dedo meñique
Talaria todos lo edificios
Y buildiria árboles de plata
Con la sabia de tu vientre
Because Je te adore
Como un pequeño panquequito
Como un sabio
Como un todo
Como esta cosa adoradora que ahora soy
Je te adore
Los perros me ladran tu nombre en las plazas
Y todos los barman no paran de hablar de tus ojos
Y las mujeres que me aman
Dicen que era mejor amante cuando estaba con vos
Y yo bebo y sonrío
Because je te adore
Like a lover in la La Fontaine des Innocents
Arrojándole monedas al recuerdo de tus pechos
Susurrandome tu nombre
Je te adore
De las cosas que haría por ti
Una seria no obedecerte
Y ser cruel y obstinado
Como un niño en tu vientre
Por que para eso nací y naceré
Por que para eso fui hecho
Because je te adore
Wednesday, August 19, 2009
Los pasos
La vi aparecer por el bajo, chancleteando como una Maruja acosada por la premura de baldear el patio. Era un orgasmo. Como si el viejo Bukowsky fuera mujer, sobrio y hermoso. Era algo salvaje y desastroso, como un chicle enredado en el pelo, solitario como una alpargata olvidada en medio de una calle de tierra, era……parecía que venia bailando su propia música ella.
Yo era la perla más brillante. El este y el sudeste. Había decidido ser el padre de todos los domingos a la tarde. Y las lagrimas de los días de lluvia. Un mutante. Una suma que nunca da un resultado coherente.
Ella era similar a mí en algún punto. Por algo se acercaba hacia mi sonriendo
Yo era la perla más brillante. El este y el sudeste. Había decidido ser el padre de todos los domingos a la tarde. Y las lagrimas de los días de lluvia. Un mutante. Una suma que nunca da un resultado coherente.
Ella era similar a mí en algún punto. Por algo se acercaba hacia mi sonriendo
Sunday, June 14, 2009
El pibe Fray Banana
El pibe Fray Banana,
acido lacónico chaval embrujado,
cayó en amor un jueves,
con su carita de soquete recién sacado.
Su padre era un verdulero que había sido el cinco de Ascasubi, el nueve de Talleres, el seis de Defensores.
El tocaba en una banda panqueque californiana con aire de días verdes, de prole recién nacida, de ciento ochenta y dos parpadeos.
Un dia conoció a Joey Ramone en la vieja radio tribal sobre la calle Lambaré; De él tiene un recuerdo como de gigante de película de Tim Burton pero todo medio chingado.
Era propietario de una cara redonda y pecosa con lentes como de abuelo de ciento un y pico de años.
Parecía un Nerd desteñido y callado.
Solía tirarles a la palomas del Parque Rivadavia granos de maíz embebidos en acido,
y luego se divertía viéndolas tratando de despegar o chocando contra los árboles, los edificios y los autos.
Ese dia, un jueves grisáceo, el pibe Fray Banana miro por la vidriera de una tienda de calzados.
Y la vio;
La belleza misma, pensó, ayudado por un par de bicicletas que se había colado.
Su cara era como el sol y sus rayos, de un lado le falta la mitad de la pierna, del otro lado por completo el brazo.
Era un regalo de los dioses, solo el buen Zeus la podría haber diseñado;
Una criatura todo bella como el Craken, las medusas o el minotauro.
acido lacónico chaval embrujado,
cayó en amor un jueves,
con su carita de soquete recién sacado.
Su padre era un verdulero que había sido el cinco de Ascasubi, el nueve de Talleres, el seis de Defensores.
El tocaba en una banda panqueque californiana con aire de días verdes, de prole recién nacida, de ciento ochenta y dos parpadeos.
Un dia conoció a Joey Ramone en la vieja radio tribal sobre la calle Lambaré; De él tiene un recuerdo como de gigante de película de Tim Burton pero todo medio chingado.
Era propietario de una cara redonda y pecosa con lentes como de abuelo de ciento un y pico de años.
Parecía un Nerd desteñido y callado.
Solía tirarles a la palomas del Parque Rivadavia granos de maíz embebidos en acido,
y luego se divertía viéndolas tratando de despegar o chocando contra los árboles, los edificios y los autos.
Ese dia, un jueves grisáceo, el pibe Fray Banana miro por la vidriera de una tienda de calzados.
Y la vio;
La belleza misma, pensó, ayudado por un par de bicicletas que se había colado.
Su cara era como el sol y sus rayos, de un lado le falta la mitad de la pierna, del otro lado por completo el brazo.
Era un regalo de los dioses, solo el buen Zeus la podría haber diseñado;
Una criatura todo bella como el Craken, las medusas o el minotauro.
Saturday, May 30, 2009
Las historias
Salio del estacionamiento y tiro el cigarrillo al suelo de puro reflejo. La estación de servicio era una amplia explanada de cemento, con dos surtidores viejos con el logo de la Shell y, a lo lejos, una construcción rectangular que trataba de imitar a un freeshop. Junto a la puerta, sentado sobre el marco de un ventanal, apoyado sobre la persiana cerrada, había un pequeño mozalbete que no llegaría a los diez años; Era oscuro, de piel tirante pero mirada de hombre adulto; Apenas vio que bajaba del auto se puso de pie y camino en dirección suya, cortándole el paso. El hombre no supo que hacer, así que aprovecho la interrupción para sacar un cigarrillo del paquete y llevárselo a la boca. Cuando estaba por prenderlo el chico lo interrogo:
_ ¿Quiere que le cuente una historia, señor?
Tenía un acento raro, que el hombre se le presento similar a los de algún país Centroamérica o de alguno de los tantos dialectos que surcaban España, tal vez algún país de Europa oriental, era extraño.
_ ¿Para que querría yo que me cuentes una historia?_ retruco el hombre, rápidamente, mientras intentaba prender el cigarrillo haciendo un reparo con la mano.
_ Vivo allá_ explico el chico, apuntado con el dedo hacia la construcción de donde venia_ atrás, con mi mama, atiende la estación de servicio.
El hombre sonrío. No era ningún dialecto, se dijo, hablaba simplemente así, por naturaleza o para llamar la atención. No se movía de su lugar y lo miraba fijo, sin inmutarse, como esperando que le diera la orden para comenzar.
_ ¿Y que tenes?_ pregunto el hombre por curiosidad.
_ Historias de amor, señor_ contesto el chico_ Le vendo, para ayudar a mi mama.
El hombre miro hacia el humilde freeshop, con la persiana baja parecía una construcción abandonada. Era de esperar; El sol caía recto desde el otro lado de la carretera y por aquel ventanal convertiría al pequeño ambiente en un verdadero horno.
_ ¿Y esta historia cuanto vale?
_ Cinco pesos señor_ contesto el chico con un gesto de esperanza sobre el rostro.
Lo condujo por un estrecho camino de tierra abierto a través de la hierba a la parte trasera de la estación. Allí había un montón de autos abandonados y un caballo raquítico y viejo que parecía estar a punto de morir de inanición. El niño le paso una mano por el lomo al pasar y un montón de moscas salieron disparadas a su contacto. Luego se paro en un páramo donde el pasto se encontraba comido, debajo de un pequeño monte circular de eucaliptos. Desde allí solo se veía un molino junto a un tanque australiano y el infinito campo perdiéndose a lo lejos. El hombre se sentó sobre uno de los troncos que servían de asiento junto a un manchon negro sobre el que todavía se podía observar restos de braza carbonizada.
_ Antes que nada le voy a tener que pedir que pague_ exclamo el niño, sin ninguna emoción sobre el rostro.
El hombre desdoblo un billete de la billetera y se lo alcanzo al niño, que lo metió volviéndolo a doblar en el bolsillo trasero del pantalón. Luego se sentó frente a el y tosió un par de veces, como anunciando que iba a comenzar con la historia.
_ ¿Quiere que le cuente una historia, señor?
Tenía un acento raro, que el hombre se le presento similar a los de algún país Centroamérica o de alguno de los tantos dialectos que surcaban España, tal vez algún país de Europa oriental, era extraño.
_ ¿Para que querría yo que me cuentes una historia?_ retruco el hombre, rápidamente, mientras intentaba prender el cigarrillo haciendo un reparo con la mano.
_ Vivo allá_ explico el chico, apuntado con el dedo hacia la construcción de donde venia_ atrás, con mi mama, atiende la estación de servicio.
El hombre sonrío. No era ningún dialecto, se dijo, hablaba simplemente así, por naturaleza o para llamar la atención. No se movía de su lugar y lo miraba fijo, sin inmutarse, como esperando que le diera la orden para comenzar.
_ ¿Y que tenes?_ pregunto el hombre por curiosidad.
_ Historias de amor, señor_ contesto el chico_ Le vendo, para ayudar a mi mama.
El hombre miro hacia el humilde freeshop, con la persiana baja parecía una construcción abandonada. Era de esperar; El sol caía recto desde el otro lado de la carretera y por aquel ventanal convertiría al pequeño ambiente en un verdadero horno.
_ ¿Y esta historia cuanto vale?
_ Cinco pesos señor_ contesto el chico con un gesto de esperanza sobre el rostro.
Lo condujo por un estrecho camino de tierra abierto a través de la hierba a la parte trasera de la estación. Allí había un montón de autos abandonados y un caballo raquítico y viejo que parecía estar a punto de morir de inanición. El niño le paso una mano por el lomo al pasar y un montón de moscas salieron disparadas a su contacto. Luego se paro en un páramo donde el pasto se encontraba comido, debajo de un pequeño monte circular de eucaliptos. Desde allí solo se veía un molino junto a un tanque australiano y el infinito campo perdiéndose a lo lejos. El hombre se sentó sobre uno de los troncos que servían de asiento junto a un manchon negro sobre el que todavía se podía observar restos de braza carbonizada.
_ Antes que nada le voy a tener que pedir que pague_ exclamo el niño, sin ninguna emoción sobre el rostro.
El hombre desdoblo un billete de la billetera y se lo alcanzo al niño, que lo metió volviéndolo a doblar en el bolsillo trasero del pantalón. Luego se sentó frente a el y tosió un par de veces, como anunciando que iba a comenzar con la historia.
Thursday, February 5, 2009
Parte de la historia de la chica mas linda del mundo II
El pequeño Cobalt
Nadie piensa en un hombre listo cuando piensa en el pequeño Cobalt y sin embargo sabía hacer con precisión su trabajo. Era el celador nocturno del zoológico y debía a alimentar las fieras que a esa hora se dedicaban a rugir y aullar añorando su hogar natal.
Las fieras rugían toda la noche y el pequeño Cobalt, pequeño de verdad, se replegaba sobre si mismo, pues era un ser rebosante de urbanidad y el grito profundo de las fieras era para Cobalt un horror ancestral.
Por alguna razón inimaginable tenia el pequeño Cobalt una mujer y un niño gris que se sentaban en las tres cabeceras de una mesa triangular que era todo lo que el sueldo de Cobalt habían llegado a pagar en cuestión de mesas. Se sentaban los tres a la mesa y comían como autómatas, mirándose de tanto en tanto a los ojos muertos. Miraba a su familia Cobalt y se preguntaba como había llegado a ese extremo; El inocuo extremo de una mesa de tres cabeceras. Por eso prefería pasar la noche en el temor del rugir de las fieras.
La vio un dia de carnaval Cobalt, cruzando el jardín zoológico con una mascara rosa sobre el rostro y un bulto en llamas en la mano derecha. Ni siquiera logro parpadear Cobalt ante esa imagen enmascarada.
Al dia siguiente las fieras rugían de una forma diferente. Parecía como si susurraran un nombre y un brillo extraño y constante se reflejaba en sus ojos. Se acerco hacia los leones el pequeño Cobalt hasta casi quedar nariz con nariz con el más viejo de ellos. El rostro de un hombre se formo en el ojo del león, y el rostro de una mujer dentro del ojo del hombre. Eso fue lo último que vio el pequeño Cobalt. Parecía mas viva que nunca la expresión de su desgarrado rostro cuando lo encontraron al dia siguiente. El forense estuvo casi diez minutos negándose a cerrar la bolsa del difunto Cobalt del cuello hacia arriba.
Nadie piensa en un hombre listo cuando piensa en el pequeño Cobalt y sin embargo sabía hacer con precisión su trabajo. Era el celador nocturno del zoológico y debía a alimentar las fieras que a esa hora se dedicaban a rugir y aullar añorando su hogar natal.
Las fieras rugían toda la noche y el pequeño Cobalt, pequeño de verdad, se replegaba sobre si mismo, pues era un ser rebosante de urbanidad y el grito profundo de las fieras era para Cobalt un horror ancestral.
Por alguna razón inimaginable tenia el pequeño Cobalt una mujer y un niño gris que se sentaban en las tres cabeceras de una mesa triangular que era todo lo que el sueldo de Cobalt habían llegado a pagar en cuestión de mesas. Se sentaban los tres a la mesa y comían como autómatas, mirándose de tanto en tanto a los ojos muertos. Miraba a su familia Cobalt y se preguntaba como había llegado a ese extremo; El inocuo extremo de una mesa de tres cabeceras. Por eso prefería pasar la noche en el temor del rugir de las fieras.
La vio un dia de carnaval Cobalt, cruzando el jardín zoológico con una mascara rosa sobre el rostro y un bulto en llamas en la mano derecha. Ni siquiera logro parpadear Cobalt ante esa imagen enmascarada.
Al dia siguiente las fieras rugían de una forma diferente. Parecía como si susurraran un nombre y un brillo extraño y constante se reflejaba en sus ojos. Se acerco hacia los leones el pequeño Cobalt hasta casi quedar nariz con nariz con el más viejo de ellos. El rostro de un hombre se formo en el ojo del león, y el rostro de una mujer dentro del ojo del hombre. Eso fue lo último que vio el pequeño Cobalt. Parecía mas viva que nunca la expresión de su desgarrado rostro cuando lo encontraron al dia siguiente. El forense estuvo casi diez minutos negándose a cerrar la bolsa del difunto Cobalt del cuello hacia arriba.
Wednesday, January 28, 2009
El Oeste
Ha salido el sol en el oeste
Sobre las chapas que delinea el rancherío
Y aun se escucha entre cumbias de baldío
El griterío de los pobres reincidentes
El padre astro sonríe a los niños
Que se esfuman en el humo de la pasta
Y los viejos que los miran se desgastan
Se ocultan en las veras de el vino
Huele a sopa y lejanía la miseria
Y no hay noche ni nubes que la oculten
No hay un dios a quien rezarle que la escuche
No hay escusa para darle condolencias
¿Dónde han ido el obrero y su miseria?
¿Dónde esta la esperanza del dolido?
¿Se esfumo como el humo de las chimeneas?
Las sonrisas, el furor, el estallido
Cuando acabe al fin la suerte del oeste
Cuando caiga presa misma de la peste;
De las balas y las drogas y los días
Habrá nacido entonces un oeste mas siniestro
Mas inmenso, mas oscuro y mas nuestro
Como aquel Sur intimo
Que una vez relató el maestro
Sobre las chapas que delinea el rancherío
Y aun se escucha entre cumbias de baldío
El griterío de los pobres reincidentes
El padre astro sonríe a los niños
Que se esfuman en el humo de la pasta
Y los viejos que los miran se desgastan
Se ocultan en las veras de el vino
Huele a sopa y lejanía la miseria
Y no hay noche ni nubes que la oculten
No hay un dios a quien rezarle que la escuche
No hay escusa para darle condolencias
¿Dónde han ido el obrero y su miseria?
¿Dónde esta la esperanza del dolido?
¿Se esfumo como el humo de las chimeneas?
Las sonrisas, el furor, el estallido
Cuando acabe al fin la suerte del oeste
Cuando caiga presa misma de la peste;
De las balas y las drogas y los días
Habrá nacido entonces un oeste mas siniestro
Mas inmenso, mas oscuro y mas nuestro
Como aquel Sur intimo
Que una vez relató el maestro
Saturday, November 1, 2008
Parte de la historia de la chica mas linda del mundo
_ ¿Les conté la historia de la chica mas linda del mundo? Usaba una mascara para ocultar su belleza. Si las personas veían su rostro se entregaban por completo a su voluntad. La mascara provocaba desconfianza en la gente. La chica mas linda del mundo encontró en la desconfianza un buen aliado por el cual conocer la verdadera cara de las personas.
La chica mas linda del mundo pasaba los días en su apartamento frente a Plaza Italia escuchando los Red Hot Chili Pepper. Allí iban los retropunks y otros bichos a contemplar su leyenda. De todos modos la mayoría creía que detrás de la mascara no había mas que otra chica comun y corriente; Y se burlaban. Pero eso estaba bien para la chica mas linda del mundo, porque en lo peor de los demás había encontrado ella su libertad.
Una vez hablo por novecientos noventa y nueve días con un hombre, y al dia mil ambos estaban enamorados. La mujer mas linda del mundo se saco la mascara para su amado y el nunca pudo recordar nada mas que su rostro.
Dicen que ella le corto la cabeza sin que el presentara resistencia, y luego se la arrojo a las fieras del jardín zoológico. Dicen que por eso, ahora, en la noche, los ojos de las fieras brillan con un fulgor extraño. Dicen que era como una llama viva la cabeza de su amado en la mano enguantada de la chica mas linda del mundo.
La chica mas linda del mundo pasaba los días en su apartamento frente a Plaza Italia escuchando los Red Hot Chili Pepper. Allí iban los retropunks y otros bichos a contemplar su leyenda. De todos modos la mayoría creía que detrás de la mascara no había mas que otra chica comun y corriente; Y se burlaban. Pero eso estaba bien para la chica mas linda del mundo, porque en lo peor de los demás había encontrado ella su libertad.
Una vez hablo por novecientos noventa y nueve días con un hombre, y al dia mil ambos estaban enamorados. La mujer mas linda del mundo se saco la mascara para su amado y el nunca pudo recordar nada mas que su rostro.
Dicen que ella le corto la cabeza sin que el presentara resistencia, y luego se la arrojo a las fieras del jardín zoológico. Dicen que por eso, ahora, en la noche, los ojos de las fieras brillan con un fulgor extraño. Dicen que era como una llama viva la cabeza de su amado en la mano enguantada de la chica mas linda del mundo.
Monday, October 6, 2008
Ella
En el tiempo que estuvimos juntos ella me mintio 146 veces. Las estuve contando. Y seguro solo llegue a descubrir apenas una fraccion de todas sus mentiras. Eran mentiras nimias, omiciones, pequeñas traiciones que no tenian importancia alguna. Sin embargo ella se cubria a ella misma con el bagaje de aquellas mentiras blancas y era tan despistada que se contradecia todo el tiempo. Sus mentiras no llegaban ni siquiera a tener patas. A mi me molestaba mas esa caprichosa mania de ocultar lo superfluo que las mentiras mismas. Yo creo que tenia miedo de mostrar lo que habia dentro de ella, y compensaba todo lo que le robaba en nuetros momentos intimos ocultandome lo que habia a simple vista. Yo no entendia porque lo hacia. Cada vez que se abria ante mi terminaba arrepintiendose y un dia mientras miraba el fondo de sus hermosos ojos grices me di cuenta de que se habia ido para siempre.
Despues de eso se fue para siempre en serio; Desaparecio. Con el tiempo se me ha hecho mas dificil disernir que fue ficticio y que fue real. Tal vez nada fue real. Y sin embargo aun extraño sus mentiras.
Despues de eso se fue para siempre en serio; Desaparecio. Con el tiempo se me ha hecho mas dificil disernir que fue ficticio y que fue real. Tal vez nada fue real. Y sin embargo aun extraño sus mentiras.
Monday, August 11, 2008
El sueño
Aquélla fue la primera vez que soñó con el pueblo-shopping. Era un pequeño pueblo, con angostas calles techadas, donde todas las construcciones eran negocios.
El caminaba por la pequeña plaza que era la construcción central y tanteaba si tenía pantalones y si dentro de los pantalones tenía dinero y se alegraba de notar que tenia ambas cosas.
Se sentía bien. Entraba a los negocios y miraba las cosas, charlaba con la gente del pueblo, recorría las calles. Había muchas tiendas de abarrotes, ciber cafés, teatros, cines, bares, jugueterías, aunque los negocios jamás terminaban de definirse del todo.
Podia entrar a una tienda de abarrotes, con pisos hechos de largas tablas de madera y un viejo gastado tras el mostrador y al darse media vuelta se encontraba que junto al mostrador se alzaban largas filas de computadoras donde la gente jugaba juegos en red. Se movía entre la filas de gente y encontraba que en un rincón había un free shop; Y así los sitios iban mutando constantemente.
Era un híbrido entre las galerías de cualquier Shopping porteño y las calles de un pueblo provinciano cualquiera. Adentro la gente charlaba con familiaridad, iban de una tienda a otra, caminaban despreocupadas bajos las luces artificiales de los techos.
Lo mas extraño era que el estaba conciente de que estaba soñando y eso era lo que lo hacia sentir cómodo. Paraba en las esquina a disfrutar el diseño surrealista del paisaje, mantenía conversaciones incongruentes con los pobladores que conocían a parientes suyos, viejos amigos de la infancia, o personas que realmente no existían pero en el sueño el creía conocer.
Un perro paso frente a el, meo en el frente de una vidriera y se coló presuroso por una escalera eléctrica que subía hacia otro nivel. Patricio lo siguió. Cuando llego arriba su vista choco con una enorme cúpula de cristal que dejaba ver el verdadero cielo por donde cruzaba una bandada de teros que no lograban filtrar su cántico a través del cristal. En aquel nivel el piso estaba tapizado con una alfombra verde y alrededor se alzaban grandes cascos de negocios.
Camino un rato por alli pero no se cruzo con nadie, así que volvió a bajar al nivel anterior. Entro en un mercado y compro un atado de puchos que prendió uno detrás de otro sin lograr que le sabieran a algo. Los tiro a los pies de una farola y pensó en despertar, pues no sabia a ciencia cierta donde se había dormido. A lo mejor estaba en lo de su abuela y cuando despertara seria la hora de la leche, con mucha mala suerte lo despertarían para ir a la escuela. Pero no, si el había ido a la universidad y se sentaba junto a una chica llamada Marga. ¿O no? No importaba: Había que despertar.
Cuando hizo fuerza para abrir los ojos cruzo la mirada con una chica que lo observaba sentada frente a un comercio con una sonrisa amplia sobre el rostro. En los pocos segundos que la vio no la encontró ni linda ni interesante, pero si tuvo la certeza absoluta que aquella chica estaba alli para el. Tuvo la intención de cruzar y decir unas palabras, pero para ese momento sus ojos se posaban sobre las paredes sucias del departamento. Luego se despabilo y vio que las paredes seguían tan limpias como cuando se había acostado; Lo que veía alli era cientos de miles de hormigas que se derramaban por la grietas de las paredes.
El caminaba por la pequeña plaza que era la construcción central y tanteaba si tenía pantalones y si dentro de los pantalones tenía dinero y se alegraba de notar que tenia ambas cosas.
Se sentía bien. Entraba a los negocios y miraba las cosas, charlaba con la gente del pueblo, recorría las calles. Había muchas tiendas de abarrotes, ciber cafés, teatros, cines, bares, jugueterías, aunque los negocios jamás terminaban de definirse del todo.
Podia entrar a una tienda de abarrotes, con pisos hechos de largas tablas de madera y un viejo gastado tras el mostrador y al darse media vuelta se encontraba que junto al mostrador se alzaban largas filas de computadoras donde la gente jugaba juegos en red. Se movía entre la filas de gente y encontraba que en un rincón había un free shop; Y así los sitios iban mutando constantemente.
Era un híbrido entre las galerías de cualquier Shopping porteño y las calles de un pueblo provinciano cualquiera. Adentro la gente charlaba con familiaridad, iban de una tienda a otra, caminaban despreocupadas bajos las luces artificiales de los techos.
Lo mas extraño era que el estaba conciente de que estaba soñando y eso era lo que lo hacia sentir cómodo. Paraba en las esquina a disfrutar el diseño surrealista del paisaje, mantenía conversaciones incongruentes con los pobladores que conocían a parientes suyos, viejos amigos de la infancia, o personas que realmente no existían pero en el sueño el creía conocer.
Un perro paso frente a el, meo en el frente de una vidriera y se coló presuroso por una escalera eléctrica que subía hacia otro nivel. Patricio lo siguió. Cuando llego arriba su vista choco con una enorme cúpula de cristal que dejaba ver el verdadero cielo por donde cruzaba una bandada de teros que no lograban filtrar su cántico a través del cristal. En aquel nivel el piso estaba tapizado con una alfombra verde y alrededor se alzaban grandes cascos de negocios.
Camino un rato por alli pero no se cruzo con nadie, así que volvió a bajar al nivel anterior. Entro en un mercado y compro un atado de puchos que prendió uno detrás de otro sin lograr que le sabieran a algo. Los tiro a los pies de una farola y pensó en despertar, pues no sabia a ciencia cierta donde se había dormido. A lo mejor estaba en lo de su abuela y cuando despertara seria la hora de la leche, con mucha mala suerte lo despertarían para ir a la escuela. Pero no, si el había ido a la universidad y se sentaba junto a una chica llamada Marga. ¿O no? No importaba: Había que despertar.
Cuando hizo fuerza para abrir los ojos cruzo la mirada con una chica que lo observaba sentada frente a un comercio con una sonrisa amplia sobre el rostro. En los pocos segundos que la vio no la encontró ni linda ni interesante, pero si tuvo la certeza absoluta que aquella chica estaba alli para el. Tuvo la intención de cruzar y decir unas palabras, pero para ese momento sus ojos se posaban sobre las paredes sucias del departamento. Luego se despabilo y vio que las paredes seguían tan limpias como cuando se había acostado; Lo que veía alli era cientos de miles de hormigas que se derramaban por la grietas de las paredes.
Tuesday, May 27, 2008
Velorio
El día que José Gregario apareció muerto de una coz en una de las calles laterales del pueblo hacia ya tiempo que el viejo Domínguez venia pregonando el fin de los tiempos. Los últimos quince años para ser puntual. Ese día amaneció por el lado de las vías, como lo hacia siempre, y los primeros rayos del sol cayeron en el lugar justo donde la coz se dibujaba sobre la frente. Y una vez mas el fin de los tiempos fue postergado un nuevo día.
A su favor se podía decir que no le había puesto fecha al ultimátum por lo que la premonición quedaba exenta de equívocos. El fin de los tiempos estaba cerca, todo se iba a derrumbar, eso se sabia, pero lo que el viejo Domínguez nunca decía era cuan afinados estaban sus conceptos de cercanía y lejanía, por lo que se aseguraba de repetir unas mil veces al día que había que estar preparado.
El viejo Domínguez parecía una persona normal, por lo menos todo lo normal que puede parecer una persona que recorre las calles pregonando el fin del mundo. Era un pregonero puntual y respetuoso, aunque corto de argumentación. Estaba fuera de la corriente de los profetas católicos, era mas bien un profeta gauchesco. Vestía como un doctor o licenciado de pueblo, con un bigote y el un corte de pelo prolijo, un traje lo mas cuidado posible y hasta un reloj de bolsillo estrafalario que miraba cada tanto, para luego echar una mirada al cielo. Pero mas allá de eso se movía, sentaba y hablaba como un verdadero pueblerino.
Hacia quince años, exactamente desde el momento de la llegada de las nuevas razas vacunas con la que se hicieron las exitosas cruzas que luego le dio fama a Caña Molina, que el viejo Domínguez comenzó a chochear. Años antes, tal vez unos diez o más, el viejo Domínguez había sido intendente del pueblo. Había sido un ferviente impulsor de la agricultura de la región y hubiese obtenido buenos resultados si hubiese podido controlar las variables climáticas, que lo dejaron literalmente con el agua hasta el cuello.
En lo que se refiere a José Gregario nadie se asombro de verlo amanecer dormido sobre el cordón de una vereda del pueblo. Nunca había amanecido muerto, eso era verdad, pero al ritmo de vida que llevaba nadie esperaba verlo rondar las calles por muchos años más; Por lo menos en vida. La gente se asombro más de la originalidad de su muerte que del hecho mismo de que estuviera muerto.
Lo que dedujo la policía, y el grueso de la población de Cañada Molina, fue que Gregario había tratado de robarse un caballo a la vuelta de una de sus juergas matinales, el animal se había asustado y le había propinado una contundente y certera patada. En el medio de la frente presentaba una hermosa U morada que formaba un promontorio sobre la piel cenicienta. El animal no pudo ser hallado, pero eso no era de extrañarse en un pueblo rodeado de campo, donde muchas veces los animales se escapaban de donde sus dueños lo amarrasen para vagar por las calles del pueblo o huir por los caminos aledaños.
Y sin embargo esta noticia altero al viejo Domínguez, que fiel a su profética gauchesca, tomo la coz en la frente de Gregario como la marca de mandinga y el comienzo del inminente final. Comenzó a recitar supuestas parábolas, parado en las esquinas de las calles, más fervorizado que nunca, que no eran más que versos sueltos del Martín Fierro, que llevaba resguardado bajo el brazo, como una Biblia personal. Luego, si algún espectador abstraído se había quedado escuchándolo, explicaba el sentido de la parábola, tan solo para que el sujeto terminara optando por alejarse.
El velorio de José Gregario lo encabezo el propio Domínguez, escoltado por los tres hermanos Gregario que sobrevivieron a José; El Alfio, el Fabio, Ofideo. Los tres tan pedestres y taciturnos, bebedores, agrestes, como su hermano. Los rostros inmutables mirando hacia el horizonte donde unas vacas gordas y tranquilas pastaban el suelo.
El viejo Domínguez recito unos versos gauchescos de despedida, con un sombrero traído para la ocasión sobre el pecho, y el rostro anegado por una supuesta congoja. Cuando termino con el recitado le dio una palmada en el hombro a cada uno de los hermanos Gregario y balbuceo unas palabras que ninguno de los tres se perdió. Ninguno de los presentes paso por alto que algún asunto había entre aquellos cuatro hombres. Hasta las vacas parecieron sospecharlo, pues levantaron la cabeza de su pastoreo y miraron unos segundos con los ojos bobos hacia el pequeño cementerio de Caña Molina. Los hombres contestaron enseguida la mirada. Apenas un fino alambre separa los dos mundos. Luego las vacas volvieron a la monotonía de su ingesta y los Gregario desparecieron por donde habían venido, con dirección hacia el bodegón de Brilla, eso era sabido.
El viejo Domínguez se retiro sin decir una sola palabra sobre la inminencia del final. Era palpable que algo impensado estaba por suceder.
A su favor se podía decir que no le había puesto fecha al ultimátum por lo que la premonición quedaba exenta de equívocos. El fin de los tiempos estaba cerca, todo se iba a derrumbar, eso se sabia, pero lo que el viejo Domínguez nunca decía era cuan afinados estaban sus conceptos de cercanía y lejanía, por lo que se aseguraba de repetir unas mil veces al día que había que estar preparado.
El viejo Domínguez parecía una persona normal, por lo menos todo lo normal que puede parecer una persona que recorre las calles pregonando el fin del mundo. Era un pregonero puntual y respetuoso, aunque corto de argumentación. Estaba fuera de la corriente de los profetas católicos, era mas bien un profeta gauchesco. Vestía como un doctor o licenciado de pueblo, con un bigote y el un corte de pelo prolijo, un traje lo mas cuidado posible y hasta un reloj de bolsillo estrafalario que miraba cada tanto, para luego echar una mirada al cielo. Pero mas allá de eso se movía, sentaba y hablaba como un verdadero pueblerino.
Hacia quince años, exactamente desde el momento de la llegada de las nuevas razas vacunas con la que se hicieron las exitosas cruzas que luego le dio fama a Caña Molina, que el viejo Domínguez comenzó a chochear. Años antes, tal vez unos diez o más, el viejo Domínguez había sido intendente del pueblo. Había sido un ferviente impulsor de la agricultura de la región y hubiese obtenido buenos resultados si hubiese podido controlar las variables climáticas, que lo dejaron literalmente con el agua hasta el cuello.
En lo que se refiere a José Gregario nadie se asombro de verlo amanecer dormido sobre el cordón de una vereda del pueblo. Nunca había amanecido muerto, eso era verdad, pero al ritmo de vida que llevaba nadie esperaba verlo rondar las calles por muchos años más; Por lo menos en vida. La gente se asombro más de la originalidad de su muerte que del hecho mismo de que estuviera muerto.
Lo que dedujo la policía, y el grueso de la población de Cañada Molina, fue que Gregario había tratado de robarse un caballo a la vuelta de una de sus juergas matinales, el animal se había asustado y le había propinado una contundente y certera patada. En el medio de la frente presentaba una hermosa U morada que formaba un promontorio sobre la piel cenicienta. El animal no pudo ser hallado, pero eso no era de extrañarse en un pueblo rodeado de campo, donde muchas veces los animales se escapaban de donde sus dueños lo amarrasen para vagar por las calles del pueblo o huir por los caminos aledaños.
Y sin embargo esta noticia altero al viejo Domínguez, que fiel a su profética gauchesca, tomo la coz en la frente de Gregario como la marca de mandinga y el comienzo del inminente final. Comenzó a recitar supuestas parábolas, parado en las esquinas de las calles, más fervorizado que nunca, que no eran más que versos sueltos del Martín Fierro, que llevaba resguardado bajo el brazo, como una Biblia personal. Luego, si algún espectador abstraído se había quedado escuchándolo, explicaba el sentido de la parábola, tan solo para que el sujeto terminara optando por alejarse.
El velorio de José Gregario lo encabezo el propio Domínguez, escoltado por los tres hermanos Gregario que sobrevivieron a José; El Alfio, el Fabio, Ofideo. Los tres tan pedestres y taciturnos, bebedores, agrestes, como su hermano. Los rostros inmutables mirando hacia el horizonte donde unas vacas gordas y tranquilas pastaban el suelo.
El viejo Domínguez recito unos versos gauchescos de despedida, con un sombrero traído para la ocasión sobre el pecho, y el rostro anegado por una supuesta congoja. Cuando termino con el recitado le dio una palmada en el hombro a cada uno de los hermanos Gregario y balbuceo unas palabras que ninguno de los tres se perdió. Ninguno de los presentes paso por alto que algún asunto había entre aquellos cuatro hombres. Hasta las vacas parecieron sospecharlo, pues levantaron la cabeza de su pastoreo y miraron unos segundos con los ojos bobos hacia el pequeño cementerio de Caña Molina. Los hombres contestaron enseguida la mirada. Apenas un fino alambre separa los dos mundos. Luego las vacas volvieron a la monotonía de su ingesta y los Gregario desparecieron por donde habían venido, con dirección hacia el bodegón de Brilla, eso era sabido.
El viejo Domínguez se retiro sin decir una sola palabra sobre la inminencia del final. Era palpable que algo impensado estaba por suceder.
Sunday, April 27, 2008
Sinrazon en el apostadero de los locos (Larguisima disertacion entre Yuia, Imoboc y el infame cantinero)
Imoboc; presumido, etílico, filosofo itinerante. Yuia, su amigo, cabizbajo, oscuro, “el gran silencio” para los conocidos. Imoboc y Yuia bebían en un bar, en la barra, después de haber bebido en otro bar, en la barra, después.
Imoboc trataba de mantener la boca cerrada y hablaba, y decía, mientras giraba los ojos, mientras movía las manos y decía:
_ ¡¡El mundo!!
Silencio de Yuia.
_ ¡¡No!!
Sonrisa de Yuia.
Imoboc acerco las manos al pecho de su amigo. Yuia vio los dedos larguísimos, flexionados y huesudos y pensó en árboles. El silencio de Yuia era destacado pensamiento, desgarro emocional y conclusión. Yuia pensó en árboles, en vida creciendo, lentamente, en el éter inconcluso de la vida.
_ Hay algo adentro_ dijo Imoboc mientras Yuia sentía la presión de la mano sorbe pecho_ Ni corazon ni cabeza, ni espíritu ni nobleza. Hay algo adentro mas pesado que el peso, mas gravedad que la gravedad. Hay un niño sosteniendo el mundo, un adolescente ignorándolo, un adulto castigando a ambos, un viejo que le susurra palabras al oído..........al niño_ aclaro Imoboc_ Todos dependen del niño.
Yuia enarco las cejas.
Imoboc presiono aun más la palma de su mano sobre el pecho de su amigo.
_ Hay en lo imposible clara posibilidad, hay en la idea, en el “tal vez”, rotundo hecho. Hay en el eterno divagar de la razón, en los ojos drogados de la vida, en la indómita eternidad, tanta verdad como duda, tanto fracaso como éxito...............es decir...........pensar en un pájaro, es un pájaro
Yuia sonrió y pensó que Imoboc iría a para a un loquero por ser tan coherente. Imoboc capto la sonrisa y la tomo como un cumplido. Su rostro era una acuarela roja.
_ No hablo de la razón, ¡¡¡ dios nos libre de ella!!! que es combustible pero no motor. Como este Whisky - en ese momento Imoboc sostenía un vaso completamente vació- es razón de embriagarse pero nunca embriaguez. Hablo de algo mas alto, ¡no!, mas fuerte, ¡no!, algo............._ Imoboc volvió a dudar, rasco la madera de la barra con la mano libre, había un brillo en sus ojos, una claridad profética_ Hablo de jalar una cuerda, de tirar, de quemarse las manos sin saber nunca lo que hay en el otro extremo, sin saber que es lo que inevitablemente nos vencerá, y seguir, tirando, aun, siempre.
_ Voluntad_ susurro Yuia.
_ Voluntad_ repitió Imoboc_ es la palabra mi querido amigo; Voluntad. Pero te pido por la profunda amistad que nos une, por el tiempo que hemos compartido gastando suelas y monedas.............por que te he conocido en Roma, a la cabeza de las fuerza del Cesar, porque hemos muerto juntos en Auswitch presos de una cámara de gas, porque fuimos en un pasado no muy lejano asaltantes de banco y un día te dispare por la espalda por causa de una bolsa repleta de efectivo. Y porque todas estas cosas fuimos, por el simple hecho de que una remota posibilidad es mas asertiva que una remota imposibilidad y porque no hay en mi cabeza, ni en la tuya, ni en la de estos pobres diablos que me rodean_ aquí Imoboc hizo un gesto circular con el dedo que abarco la masa indiferente del bar_ idea que no sea realidad pasada o futura y por eso....................y por eso te pido como te he pedido en Roma y Auswicht y en el perdido estado de Massachussets, que cuando digas voluntad no susurres ni titubees.
_ Voluntad, Imoboc_ repitió Yuia, con una voz ligera pero contundente. Imoboc retiro la mano del pecho de su amigo. Se percato del vaso vació e hizo un gesto con la mano.
_ Mas veneno, buen Baco_ le dijo al barman. El hombre se acerco con la botella de Jack Daniels en la mano; bajo, bigotudo, contundente.
_ Ni el mas cruel de los verdugos trabaja gratis, ni el que blande el hacha ni el que llena el vaso_ ataco el barman_ Hasta los hacheros ingleses, aquellos encapuchados e infames verdugos reciban dinero del ajusticiado; un favor, una gracia.
Imoboc saco la billetera, la descontracturo lentamente y puso sobre la barra un billete de cien pesos.
_ De todas las cabezas que el buen verdugo debe saber ver caer la más gloriosa debe ser la del General Roca, verdugo del indígena, decapitada cabeza de papel, presidente de la republica y alta moneda de cambio.
_ Prefiero a Whasintown_ replico el barman.
_ Capitalista y traidor a la patria_ Grito Imoboc mientras veía con gozo como el vaso se llenaba de Jack Daniels. El barman le entrego el cambio cortésmente y dijo:
_ Ha sido buen Tomas Moro, Imoboc.
_ Usted ha sido filosa y certera hoja de metal.
Yuia miraba pasivo y bebía un enorme vaso de cerveza. Se limpiaba la boca con la manga de la camisa y esperaba. Imoboc dio un trago del vaso y lo dejo sobre la barra, mientras sus ojos se pasaban en un espejo que reflejaba el transito de la calle, detrás de Yuia. Sus ojos parecían apagarse lentamente y el espíritu balancearse en una especie de trágica levedad.
_ ¿Que pasara con nosotros Yuia?, que final trágico obtenemos de todos nuestros amaneceres, pues somos hijos del ocaso. ¿ Cuando vendrá nuestro padre a susurrarnos el inminente final? ¿O no nos corrieron ayer mismo los trabas de las calle Oro con sus indómitas carteras después que los arremetiéramos una y otra vez con un virtual falo nacido de una semivacía botella de Vodka apretada entre los muslos?, ¿O no nos arrojaron, literalmente, de aquel Cabaret de Once después que subido a la barra y pateando los vasos de los demás clientes gritaste, y con sobrada razón, “inclinadse ante mi, que soy rey y señor de las putas de esta ciudad”?. Ni siquiera en la recepción que hiciera mi padre a aquél embajador hecho de las mas pura banana latinoamericana nos permitieron tranquila estancia, ¿y porque?, por que el tibio y negrísimo excremento que los ricos denominan caviar se creía demasiado digno para ser certero proyectil de las manos que ahora sostienen estos vasos. ¡¡Hay!!, Yuia, amigo mío, somos hijos del ocaso, en Roma y en Palermo, en Once y Massachussets nos espera la burda tragedia del hijo de vecina. ¿Por qué Yuia?, ¿por qué?
_ Será nuestro destino, o la voluntad del señor, ¿quien sabe?_ replico Yuia tranquilamente.
_ No lo se, pero si se que en algo has errado. El destino lo traza un dios sea quien sea el omnipresente y omnipotente cínico hijo de puta, lo traza como se traza una línea de tiza sobre las baldosas limpias de la mañana. Pero la voluntad pertenece al hombre para borrar esa línea en un punto cualquiera y dibujar su propio camino. Si dejas tu voluntad en manos de un dios, Yuia, querido amigo, esta se convertirá en esperanza y entonces te convertirás en burdo títere del destino.
_ ¿Esperanza?_ dijo Yuia extrañado.
_ Si, la esperanza_ repitió Imoboc_ la prima boba y religiosa de la voluntad, el reflejo de la voluntad sobre un lago de aguas quietas. La voluntad metida a monja. Ese mefistofélico ente que quedo atrapado en lo más profundo de la caja que Pandora le entrego a un incauto Prometeo. El mayor de los males de este mundo.
El barman, asentado detrás de la barra, escuchaba los monólogos de Imoboc, como lo hacia día tras día. El corpulento verdugo se tomaba el mostacho y giraba la cabeza hacia los lados. Sonreía sin gracia.
_ ¿Qué mal hice al mundo para que este noble lugar se llenara de desequilibrados? _ se dijo a si mismo en voz alta_ ¿cuál es el pecado que cometí para tener que soportar la incongruencia y la alucinación de semejantes y tan variados subnormales? Los prefiero ebrios y por eso les sirvo con pleitesía, pues cuando babean y mueven la boca sin poder emitir mas que unos pobres garabatos afónicos, cuando se duermen sobre las mesas como infantes indefensos, ahí acallan su locura, aquietan su alucinación y le dan paz a estas paredes que tiene que padecer incansables las necedades de sus bocas.
Imoboc, que oía las palabras del verdugo se volvió y sonrió.
_ No hay en este noble lugar mas responsable que usted y usted mismo, mi querido verdugo. ¿O me va a negar fue usted el autor del cartel que reza sobre la vereda la singular leyenda “El apostadero de los locos”. Pues bien. Ha tirado usted suculenta carnada al mar y ahora niega el cardumen que ha mordido el anzuelo con rápida dentellada y famélico gozo.
El barman hizo una mueca de resignación pero no confeso su culpa y prefirió cambiar de tema.
_ Imoboc_ dijo _ el mas desequilibrado de mis parroquianos, te veo hacer sobre estas barra día tras día, hora tras hora y solo asoma por tu billetera la cabeza del antedicho General, mientras que estos poligrillos, que con verdadera roca tiene que lidiar para curar su hambre, le es otorgada la gracia de próceres mas altivos y por ende de menor valor numeral, acorde a la lógica de tan confuso país. No quiero ofenderte, aunque de hecho lo haga, mi tristemente celebre Imoboc, pero es que no veo en ti el talento como para ganar mas favor del que puede ganar un ciego con una armónica o un manco con la presencia de su sola mano extendida.
Imoboc callo, y aunque tranquilamente hubiese contestado la pregunta, no podia pasar por alto la clara ofensa del verdugo. Estaba listo ha atacar cuando, para su sorpresa, escucho la voz de Yuia resonando a su lado.
_ Su padre le da de comer hambre a la gente_ replico.
Imoboc lo miro sorprendido y sonrió.
_ Ya escucho a mi amigo_ exclamo entonces.
_ No, me es imposible escucharlo_ se excuso el barman_ la respuesta debe salir de usted, Imoboc.
_ Mi padre le da de comer hambre a la gente_ repitió Imoboc sobresaltado_ les da un techo a cambio de seis, las trata de lo que las enferma, les da esperanza a cambio de voluntad, las protege de otros yugos y las consuela del suyo_ Agrego Imoboc_ Papa es..........un altruista, un hombre de bien, un ciudadano del mundo, un ejemplo para la sociedad..............es, ¿cómo decirlo?, alguien que merecería su perfil en el billete de doscientos pesos.
_ Amen, el hombre_ agrego Yuia.
_ Amen, la voluntad _repitieron los otros dos.
_ ¿Y usted mi poco estimado cliente?_ continuo el barman.
_ Le da hambre a su esperanza y metáforas a su desesperanza_ volvió a interrumpir Yuia.
_ ¡¡Otra vez la esperanza!! Ya te dije mi querido amigo que la esperanza es vana_ respondió Imoboc_ Y mas hambre me causaría ella a mi si un pobre bocado le ofreciera yo de mi espíritu. La desesperanza es más coherente al ser, más verdadera, y podría ser ella incipiente semilla de voluntad.
_ Explíquese mi desequilibrado cliente_ exclamo el verdugo intrigado.
_ El hombre con esperanza, el hombre que espera, espera que sus anhelos se cumplan algún día cercano pero, en vez de activar su voluntad en la búsqueda de este anhelo, de este sueño, se abraza a su estática esperanza como si esta fuera un imán para sus deseos; se queda alli, sonriendo seguro de señales que no son, de presagios de utilería, hasta que sus esperanzas se gastan con el entre sus manos vacías. En cambio, el hombre desesperanzado, ya no espera nada. Sabe que nada llegara ni tarde ni temprano, que cualquier ilusión cumple el solo papel de la ilusión, del polvo que vuela presa del mismo viento que lo a posado alli. El hombre desesperanzado sabe que la esperanza es letargo y espera y, sobre esta cruel verdad, el desesperanzado es mil veces mas apto para mover dentro de si un raquítico embrión de voluntad. El motor primigenio del desesperanzado es el anhelo; hay chance aun para el desesperanzado que posea un anhelo, pues tiene en claro que para alcanzarlo tendrá que echar manos hasta las ultimas migajas de su voluntad.
Entonces, deja hambrienta a tu desesperanza también, Imoboc, amigo mío_ Dijo Yuia tras un largo trago de cerveza_ Y has caso a tu viejo amigo Yuia; Tu eres unidad de voluntad vagando sin rumbo.
_ No lo creas amigo_ replico Imoboc con un dejo de tristeza_ Me parezco mas a la cruda y cobarde desesperanza.
_ Tu eres alta y férrea columna sin techo sobre tus hombros, eres flecha que va cortando el aire sin encontrar blanco, eres voluntad en estado puro, Imoboc, aunque sin cuerpo y sin razón.
El silencio se hizo un momento entre los tres hombres; Imoboc miraba el piso calladamente, confuso, conmovido por las palabras de Yuia. El barman miraba graciosamente a Imoboc y Yuia hacia girar el vaso de cerveza en su mano derecha.
_ ¿Qué pasa, Imoboc, muy cliente mío?_ pregunto el barman, que no apartaba sus ojos de su semblante.
_ Las palabras de mi buen Yuia me han conmovido_ replico Imoboc_ No soy digno de amistad tan noble.
_ Tienes suerte de no creerte digno_ replico el barman_ Pues en realidad no existe tan grande amistad.
_ ¡¿De que habla el verdugo?!_ exclamo de repente Imoboc sobresaltado. Sus ojos se encendieron como dos brasas y miraron sobre el mostacho ralo del barman con verdadera ira_ ¿Qué puede saber tan paciente asesino de la existencia ni mucho menos de la amistad?, ¿Qué veneno a truncado tu razón verdugo?; habla, infame.
_ Imoboc, poco deseado cliente mío, vienes a este establecimiento día tras día, y pasas hora tras hora, sobre esta barra, junto este vaso, sin más compañía que la cabeza del difunto general en tu bolsillo. ¿No sabes ya de sobrada cuenta que ese lugar a tu derecha esta vació?, ¿No ves que lo que tu llamas Yuia es un espacio ocupado por el mismo aire impuro que rodea aquellas sillas o que se encuentra alrededor del lejano obelisco y que es el mismo éter que forma los colores de nuestro mutilado cielo? Hablas solo, Imoboc, con la inmaterialidad que tu das a llamar Yuia, pero nadie hay en esta barra mas que tu y yo, mi muy cliente mío; y si lo hubiese, solo tu puedes ver a tan destacado ser.
Imoboc miro a Yuia que sonreirá con sorna. Luego volvió hacia la figura del barman que se encontraba estático acodado sobre la madera de la barra.
_ Yuia esta aquí conmigo, como lo ha estado en otras vidas y como seguirá siendo siempre en el tiempo. Que tu ignorancia, tu brutal estampa de matarife, te cierre los ojos a su forma y espíritu no es falta mía, sino pura deficiencia tuya.
_ Mas espíritu que forma debe tener tu amigo_ exclamo sonriendo el barman y estiro un brazo hacia el incorpóreo hombro de Yuia.
Imoboc detuvo el brazo con un fuerte apretón sobre la muñeca del barman, que mientras desistía en su empresa, veía los ojos de su cliente colmándose de la esencia de a furia.
_ No confunda, muy verdugo mío, la naturaleza simple de las cosas_ Escupió Imoboc mientras lanzaba, furioso, hacia atrás, la mano del barman_ Acepto tus ofensas porque se del material vulgar del que esta hecho tu esencia, que es el mismo del que esta compuesto mi ser. Pero no creas que voy a permitir que tus impetuosas garras de matarife mancillen la pulcritud de mi noble compañero, que jamás ofensa alguna a lanzado contra tu persona y que, aunque lo hiciere; a la corta percepción de tu ser seria negado percibir.
_ Eres un desequilibrado, Imoboc y desequilibrado seria de mi ponerme a discutir contigo y tus alucinaciones y, te juro mi poco estimado cliente que si no fuera tu aliado tan glorioso general hace mucho hubieses caído sobre la vergüenza de las frías baldosas que coronan el comienza de este local.
_ Has vuelto a caer bajo mi viejo verdugo y tu mismo le has puesto fiera zancadilla a “tu” vergüenza, pues este soldado que ves aquí posee un ejercito tan basto de generales que podría inundar tu noble local de una interminable fila de inmateriales Yuia y de líquidos Jacks Daniels, hasta el fin del fin de los tiempos, amen.
_ Amen_ rezo Yuia, que apoyaba su silencioso porte sobre la barra y observaba con gracia la discusión de su amigo con el barman, se acomodo el cuello de la camisa y vació su vaso de cerveza. Imoboc, aun furioso, giro hacia el, lo tomo del hombro y hablo.
_ Estos son los hombres grises de los que te he hablado, querido Yuia_ profirió, en voz alta, para que llegara hasta los oídos del matarife_ Estos que en un tiempo fueron cobradores de impuestos, verdugos, clérigos y que hoy venden pompas de jabón a cualquier pobre incauto; que someten su voluntad a voluntades mayores y viven abrazados a sus esperanzas de maletín usado, de traje pomposo y sonrisa burda. Son vendedores de seguros, trabajadores bancarios, inspectores estatales y aun estos aquí – y señalo al barman con un leve movimiento de cabeza- infames boticarios que incuban extraños venenos tras sus fortalezas y que son capaces de convertir a indefensas criaturas en engendros feroces y deformes y babeantes, con tal que en su costado caiga una sola pieza del vil metal que ansían. Dentro de este ser ya no hay voluntad ni espíritu, puedes estar seguro, muy amigo mío, que desde sus mas míseras a sus mas grandes acciones, están dirigidas por fuerzas externas a el, pero que, ¡¡hay pobre infeliz!! no llegara jamás a comprender.
Imoboc trataba de mantener la boca cerrada y hablaba, y decía, mientras giraba los ojos, mientras movía las manos y decía:
_ ¡¡El mundo!!
Silencio de Yuia.
_ ¡¡No!!
Sonrisa de Yuia.
Imoboc acerco las manos al pecho de su amigo. Yuia vio los dedos larguísimos, flexionados y huesudos y pensó en árboles. El silencio de Yuia era destacado pensamiento, desgarro emocional y conclusión. Yuia pensó en árboles, en vida creciendo, lentamente, en el éter inconcluso de la vida.
_ Hay algo adentro_ dijo Imoboc mientras Yuia sentía la presión de la mano sorbe pecho_ Ni corazon ni cabeza, ni espíritu ni nobleza. Hay algo adentro mas pesado que el peso, mas gravedad que la gravedad. Hay un niño sosteniendo el mundo, un adolescente ignorándolo, un adulto castigando a ambos, un viejo que le susurra palabras al oído..........al niño_ aclaro Imoboc_ Todos dependen del niño.
Yuia enarco las cejas.
Imoboc presiono aun más la palma de su mano sobre el pecho de su amigo.
_ Hay en lo imposible clara posibilidad, hay en la idea, en el “tal vez”, rotundo hecho. Hay en el eterno divagar de la razón, en los ojos drogados de la vida, en la indómita eternidad, tanta verdad como duda, tanto fracaso como éxito...............es decir...........pensar en un pájaro, es un pájaro
Yuia sonrió y pensó que Imoboc iría a para a un loquero por ser tan coherente. Imoboc capto la sonrisa y la tomo como un cumplido. Su rostro era una acuarela roja.
_ No hablo de la razón, ¡¡¡ dios nos libre de ella!!! que es combustible pero no motor. Como este Whisky - en ese momento Imoboc sostenía un vaso completamente vació- es razón de embriagarse pero nunca embriaguez. Hablo de algo mas alto, ¡no!, mas fuerte, ¡no!, algo............._ Imoboc volvió a dudar, rasco la madera de la barra con la mano libre, había un brillo en sus ojos, una claridad profética_ Hablo de jalar una cuerda, de tirar, de quemarse las manos sin saber nunca lo que hay en el otro extremo, sin saber que es lo que inevitablemente nos vencerá, y seguir, tirando, aun, siempre.
_ Voluntad_ susurro Yuia.
_ Voluntad_ repitió Imoboc_ es la palabra mi querido amigo; Voluntad. Pero te pido por la profunda amistad que nos une, por el tiempo que hemos compartido gastando suelas y monedas.............por que te he conocido en Roma, a la cabeza de las fuerza del Cesar, porque hemos muerto juntos en Auswitch presos de una cámara de gas, porque fuimos en un pasado no muy lejano asaltantes de banco y un día te dispare por la espalda por causa de una bolsa repleta de efectivo. Y porque todas estas cosas fuimos, por el simple hecho de que una remota posibilidad es mas asertiva que una remota imposibilidad y porque no hay en mi cabeza, ni en la tuya, ni en la de estos pobres diablos que me rodean_ aquí Imoboc hizo un gesto circular con el dedo que abarco la masa indiferente del bar_ idea que no sea realidad pasada o futura y por eso....................y por eso te pido como te he pedido en Roma y Auswicht y en el perdido estado de Massachussets, que cuando digas voluntad no susurres ni titubees.
_ Voluntad, Imoboc_ repitió Yuia, con una voz ligera pero contundente. Imoboc retiro la mano del pecho de su amigo. Se percato del vaso vació e hizo un gesto con la mano.
_ Mas veneno, buen Baco_ le dijo al barman. El hombre se acerco con la botella de Jack Daniels en la mano; bajo, bigotudo, contundente.
_ Ni el mas cruel de los verdugos trabaja gratis, ni el que blande el hacha ni el que llena el vaso_ ataco el barman_ Hasta los hacheros ingleses, aquellos encapuchados e infames verdugos reciban dinero del ajusticiado; un favor, una gracia.
Imoboc saco la billetera, la descontracturo lentamente y puso sobre la barra un billete de cien pesos.
_ De todas las cabezas que el buen verdugo debe saber ver caer la más gloriosa debe ser la del General Roca, verdugo del indígena, decapitada cabeza de papel, presidente de la republica y alta moneda de cambio.
_ Prefiero a Whasintown_ replico el barman.
_ Capitalista y traidor a la patria_ Grito Imoboc mientras veía con gozo como el vaso se llenaba de Jack Daniels. El barman le entrego el cambio cortésmente y dijo:
_ Ha sido buen Tomas Moro, Imoboc.
_ Usted ha sido filosa y certera hoja de metal.
Yuia miraba pasivo y bebía un enorme vaso de cerveza. Se limpiaba la boca con la manga de la camisa y esperaba. Imoboc dio un trago del vaso y lo dejo sobre la barra, mientras sus ojos se pasaban en un espejo que reflejaba el transito de la calle, detrás de Yuia. Sus ojos parecían apagarse lentamente y el espíritu balancearse en una especie de trágica levedad.
_ ¿Que pasara con nosotros Yuia?, que final trágico obtenemos de todos nuestros amaneceres, pues somos hijos del ocaso. ¿ Cuando vendrá nuestro padre a susurrarnos el inminente final? ¿O no nos corrieron ayer mismo los trabas de las calle Oro con sus indómitas carteras después que los arremetiéramos una y otra vez con un virtual falo nacido de una semivacía botella de Vodka apretada entre los muslos?, ¿O no nos arrojaron, literalmente, de aquel Cabaret de Once después que subido a la barra y pateando los vasos de los demás clientes gritaste, y con sobrada razón, “inclinadse ante mi, que soy rey y señor de las putas de esta ciudad”?. Ni siquiera en la recepción que hiciera mi padre a aquél embajador hecho de las mas pura banana latinoamericana nos permitieron tranquila estancia, ¿y porque?, por que el tibio y negrísimo excremento que los ricos denominan caviar se creía demasiado digno para ser certero proyectil de las manos que ahora sostienen estos vasos. ¡¡Hay!!, Yuia, amigo mío, somos hijos del ocaso, en Roma y en Palermo, en Once y Massachussets nos espera la burda tragedia del hijo de vecina. ¿Por qué Yuia?, ¿por qué?
_ Será nuestro destino, o la voluntad del señor, ¿quien sabe?_ replico Yuia tranquilamente.
_ No lo se, pero si se que en algo has errado. El destino lo traza un dios sea quien sea el omnipresente y omnipotente cínico hijo de puta, lo traza como se traza una línea de tiza sobre las baldosas limpias de la mañana. Pero la voluntad pertenece al hombre para borrar esa línea en un punto cualquiera y dibujar su propio camino. Si dejas tu voluntad en manos de un dios, Yuia, querido amigo, esta se convertirá en esperanza y entonces te convertirás en burdo títere del destino.
_ ¿Esperanza?_ dijo Yuia extrañado.
_ Si, la esperanza_ repitió Imoboc_ la prima boba y religiosa de la voluntad, el reflejo de la voluntad sobre un lago de aguas quietas. La voluntad metida a monja. Ese mefistofélico ente que quedo atrapado en lo más profundo de la caja que Pandora le entrego a un incauto Prometeo. El mayor de los males de este mundo.
El barman, asentado detrás de la barra, escuchaba los monólogos de Imoboc, como lo hacia día tras día. El corpulento verdugo se tomaba el mostacho y giraba la cabeza hacia los lados. Sonreía sin gracia.
_ ¿Qué mal hice al mundo para que este noble lugar se llenara de desequilibrados? _ se dijo a si mismo en voz alta_ ¿cuál es el pecado que cometí para tener que soportar la incongruencia y la alucinación de semejantes y tan variados subnormales? Los prefiero ebrios y por eso les sirvo con pleitesía, pues cuando babean y mueven la boca sin poder emitir mas que unos pobres garabatos afónicos, cuando se duermen sobre las mesas como infantes indefensos, ahí acallan su locura, aquietan su alucinación y le dan paz a estas paredes que tiene que padecer incansables las necedades de sus bocas.
Imoboc, que oía las palabras del verdugo se volvió y sonrió.
_ No hay en este noble lugar mas responsable que usted y usted mismo, mi querido verdugo. ¿O me va a negar fue usted el autor del cartel que reza sobre la vereda la singular leyenda “El apostadero de los locos”. Pues bien. Ha tirado usted suculenta carnada al mar y ahora niega el cardumen que ha mordido el anzuelo con rápida dentellada y famélico gozo.
El barman hizo una mueca de resignación pero no confeso su culpa y prefirió cambiar de tema.
_ Imoboc_ dijo _ el mas desequilibrado de mis parroquianos, te veo hacer sobre estas barra día tras día, hora tras hora y solo asoma por tu billetera la cabeza del antedicho General, mientras que estos poligrillos, que con verdadera roca tiene que lidiar para curar su hambre, le es otorgada la gracia de próceres mas altivos y por ende de menor valor numeral, acorde a la lógica de tan confuso país. No quiero ofenderte, aunque de hecho lo haga, mi tristemente celebre Imoboc, pero es que no veo en ti el talento como para ganar mas favor del que puede ganar un ciego con una armónica o un manco con la presencia de su sola mano extendida.
Imoboc callo, y aunque tranquilamente hubiese contestado la pregunta, no podia pasar por alto la clara ofensa del verdugo. Estaba listo ha atacar cuando, para su sorpresa, escucho la voz de Yuia resonando a su lado.
_ Su padre le da de comer hambre a la gente_ replico.
Imoboc lo miro sorprendido y sonrió.
_ Ya escucho a mi amigo_ exclamo entonces.
_ No, me es imposible escucharlo_ se excuso el barman_ la respuesta debe salir de usted, Imoboc.
_ Mi padre le da de comer hambre a la gente_ repitió Imoboc sobresaltado_ les da un techo a cambio de seis, las trata de lo que las enferma, les da esperanza a cambio de voluntad, las protege de otros yugos y las consuela del suyo_ Agrego Imoboc_ Papa es..........un altruista, un hombre de bien, un ciudadano del mundo, un ejemplo para la sociedad..............es, ¿cómo decirlo?, alguien que merecería su perfil en el billete de doscientos pesos.
_ Amen, el hombre_ agrego Yuia.
_ Amen, la voluntad _repitieron los otros dos.
_ ¿Y usted mi poco estimado cliente?_ continuo el barman.
_ Le da hambre a su esperanza y metáforas a su desesperanza_ volvió a interrumpir Yuia.
_ ¡¡Otra vez la esperanza!! Ya te dije mi querido amigo que la esperanza es vana_ respondió Imoboc_ Y mas hambre me causaría ella a mi si un pobre bocado le ofreciera yo de mi espíritu. La desesperanza es más coherente al ser, más verdadera, y podría ser ella incipiente semilla de voluntad.
_ Explíquese mi desequilibrado cliente_ exclamo el verdugo intrigado.
_ El hombre con esperanza, el hombre que espera, espera que sus anhelos se cumplan algún día cercano pero, en vez de activar su voluntad en la búsqueda de este anhelo, de este sueño, se abraza a su estática esperanza como si esta fuera un imán para sus deseos; se queda alli, sonriendo seguro de señales que no son, de presagios de utilería, hasta que sus esperanzas se gastan con el entre sus manos vacías. En cambio, el hombre desesperanzado, ya no espera nada. Sabe que nada llegara ni tarde ni temprano, que cualquier ilusión cumple el solo papel de la ilusión, del polvo que vuela presa del mismo viento que lo a posado alli. El hombre desesperanzado sabe que la esperanza es letargo y espera y, sobre esta cruel verdad, el desesperanzado es mil veces mas apto para mover dentro de si un raquítico embrión de voluntad. El motor primigenio del desesperanzado es el anhelo; hay chance aun para el desesperanzado que posea un anhelo, pues tiene en claro que para alcanzarlo tendrá que echar manos hasta las ultimas migajas de su voluntad.
Entonces, deja hambrienta a tu desesperanza también, Imoboc, amigo mío_ Dijo Yuia tras un largo trago de cerveza_ Y has caso a tu viejo amigo Yuia; Tu eres unidad de voluntad vagando sin rumbo.
_ No lo creas amigo_ replico Imoboc con un dejo de tristeza_ Me parezco mas a la cruda y cobarde desesperanza.
_ Tu eres alta y férrea columna sin techo sobre tus hombros, eres flecha que va cortando el aire sin encontrar blanco, eres voluntad en estado puro, Imoboc, aunque sin cuerpo y sin razón.
El silencio se hizo un momento entre los tres hombres; Imoboc miraba el piso calladamente, confuso, conmovido por las palabras de Yuia. El barman miraba graciosamente a Imoboc y Yuia hacia girar el vaso de cerveza en su mano derecha.
_ ¿Qué pasa, Imoboc, muy cliente mío?_ pregunto el barman, que no apartaba sus ojos de su semblante.
_ Las palabras de mi buen Yuia me han conmovido_ replico Imoboc_ No soy digno de amistad tan noble.
_ Tienes suerte de no creerte digno_ replico el barman_ Pues en realidad no existe tan grande amistad.
_ ¡¿De que habla el verdugo?!_ exclamo de repente Imoboc sobresaltado. Sus ojos se encendieron como dos brasas y miraron sobre el mostacho ralo del barman con verdadera ira_ ¿Qué puede saber tan paciente asesino de la existencia ni mucho menos de la amistad?, ¿Qué veneno a truncado tu razón verdugo?; habla, infame.
_ Imoboc, poco deseado cliente mío, vienes a este establecimiento día tras día, y pasas hora tras hora, sobre esta barra, junto este vaso, sin más compañía que la cabeza del difunto general en tu bolsillo. ¿No sabes ya de sobrada cuenta que ese lugar a tu derecha esta vació?, ¿No ves que lo que tu llamas Yuia es un espacio ocupado por el mismo aire impuro que rodea aquellas sillas o que se encuentra alrededor del lejano obelisco y que es el mismo éter que forma los colores de nuestro mutilado cielo? Hablas solo, Imoboc, con la inmaterialidad que tu das a llamar Yuia, pero nadie hay en esta barra mas que tu y yo, mi muy cliente mío; y si lo hubiese, solo tu puedes ver a tan destacado ser.
Imoboc miro a Yuia que sonreirá con sorna. Luego volvió hacia la figura del barman que se encontraba estático acodado sobre la madera de la barra.
_ Yuia esta aquí conmigo, como lo ha estado en otras vidas y como seguirá siendo siempre en el tiempo. Que tu ignorancia, tu brutal estampa de matarife, te cierre los ojos a su forma y espíritu no es falta mía, sino pura deficiencia tuya.
_ Mas espíritu que forma debe tener tu amigo_ exclamo sonriendo el barman y estiro un brazo hacia el incorpóreo hombro de Yuia.
Imoboc detuvo el brazo con un fuerte apretón sobre la muñeca del barman, que mientras desistía en su empresa, veía los ojos de su cliente colmándose de la esencia de a furia.
_ No confunda, muy verdugo mío, la naturaleza simple de las cosas_ Escupió Imoboc mientras lanzaba, furioso, hacia atrás, la mano del barman_ Acepto tus ofensas porque se del material vulgar del que esta hecho tu esencia, que es el mismo del que esta compuesto mi ser. Pero no creas que voy a permitir que tus impetuosas garras de matarife mancillen la pulcritud de mi noble compañero, que jamás ofensa alguna a lanzado contra tu persona y que, aunque lo hiciere; a la corta percepción de tu ser seria negado percibir.
_ Eres un desequilibrado, Imoboc y desequilibrado seria de mi ponerme a discutir contigo y tus alucinaciones y, te juro mi poco estimado cliente que si no fuera tu aliado tan glorioso general hace mucho hubieses caído sobre la vergüenza de las frías baldosas que coronan el comienza de este local.
_ Has vuelto a caer bajo mi viejo verdugo y tu mismo le has puesto fiera zancadilla a “tu” vergüenza, pues este soldado que ves aquí posee un ejercito tan basto de generales que podría inundar tu noble local de una interminable fila de inmateriales Yuia y de líquidos Jacks Daniels, hasta el fin del fin de los tiempos, amen.
_ Amen_ rezo Yuia, que apoyaba su silencioso porte sobre la barra y observaba con gracia la discusión de su amigo con el barman, se acomodo el cuello de la camisa y vació su vaso de cerveza. Imoboc, aun furioso, giro hacia el, lo tomo del hombro y hablo.
_ Estos son los hombres grises de los que te he hablado, querido Yuia_ profirió, en voz alta, para que llegara hasta los oídos del matarife_ Estos que en un tiempo fueron cobradores de impuestos, verdugos, clérigos y que hoy venden pompas de jabón a cualquier pobre incauto; que someten su voluntad a voluntades mayores y viven abrazados a sus esperanzas de maletín usado, de traje pomposo y sonrisa burda. Son vendedores de seguros, trabajadores bancarios, inspectores estatales y aun estos aquí – y señalo al barman con un leve movimiento de cabeza- infames boticarios que incuban extraños venenos tras sus fortalezas y que son capaces de convertir a indefensas criaturas en engendros feroces y deformes y babeantes, con tal que en su costado caiga una sola pieza del vil metal que ansían. Dentro de este ser ya no hay voluntad ni espíritu, puedes estar seguro, muy amigo mío, que desde sus mas míseras a sus mas grandes acciones, están dirigidas por fuerzas externas a el, pero que, ¡¡hay pobre infeliz!! no llegara jamás a comprender.
Thursday, April 10, 2008
Sunday, March 30, 2008
Las hijas del doctor Flash
El doctor Flash tenía unas diecisiete hijas por lo que yo había oído, aunque en la mesa solo había cinco de ellas. El doctor, que dios sabe en que era doctor, pues era una de esas mentes brillantes que lo saben todo, era una inconmensurabilidad de tonos colorados, inclinado al vino y la poesía; un tipejo octogenario, excéntrico, que seguía mostrando su vitalidad en lo generoso de su obra y de su prole.
Yo me encontraba en su mesa gracias a un pequeño tomo de poesía grosera e inexperta que había publicado meses atrás sin mayor esperanzas que la de poder pagar un mes de alquiler. El doctor había quedado fascinado por aquellas paginas, yo asombrado de su fascinación. Si lo que el doctor esperaba era que me pusiera a hablar con el de poesía le esperaba una gran decepción. Si dios quería que hubiese un asunto con dinero de por medio me convertiría en poeta en ese mismo instante. Pero no.
El doctor me había hecho llamar a través de algunos funcionarios públicos que solventaban cualquier palabra que el buen Flash propusiera. Vivía en una mansión fastuosa sobre la avenida Maria Ocampo, aunque era simple y espontáneo en lo que refería a sus modales. Me sentía incomodo sentado a aquélla extensa mesa, sintiendo los ojos de las hijas de Flash sobre mi, como si fuera el nuevo capricho de papá. La comida todavía no había llegado y el viejo ya había empezado a largar una perorata acerca de las virtudes de mi obra. Tenía una forma de hablar y un acento que lo envolvía todo; no era un erudito, era un tipo que sabia hacerse entender. De todas formas no le prestaba mayor atención. Yo sufría porque me estaba perdiendo un capitulo de Robotech, de la primera generación. Miraba el televisor apagado de reojo como si mi deseo pudiera encender la maquina. Pero nada.
De las cinco hijas de Flash tres de ellas tenían un inconfundible porte germánico; grandes, rubias, anchas e insulsas, de carne rosada y espalda de cargador de puerto. Ana era la mas grande, Ingrid la del medio y le seguía Judit, la mas pequeña. Sentada a la mesa en este orden parecían un juego de muñecas rusas y a uno le urgía por saber si después de comer se meterían una dentro de otra para irse a dormir. Tampoco había que imaginar mucho, por que el simple pensamiento tenia un tinte erótico que podía llevarlo a uno a una erección.
Las otras dos tenían rasgos nipones. Miriam, la mas pequeña, a primera vista parecía una nipona pura, aunque con un examen mas riguroso se podia ver las marcas occidentales en su rostro. Era de estatura media, pelo hasta la cintura y unos ojos algo inquisitivos. Alba, la mayor, alta y de pelo corto, tenia una mezcla mas homogénea, parecía fría y reservada, como si estuviera dentro de un congelador esperando a que alguien abriera la puerta.
Solo el doctor hablaba, los otros permanecíamos en silencio. Yo era un interlocutor pasivo; movía la cabeza, pronunciaba un “si” indiferente, hacia algún gesto de afirmación que nada significaba mas que el doctor podia seguir con lo suyo.
Cuando llego la comida el doctor me señaló que me encontraba distante y me pregunto si necesitaba algo.
La respuesta fue inmediata.
_ Quiero ver los dibujitos _ conteste.
Las hijas del doctor parecieron despertar de un profundo sueño y giraron las cinco cabezas a la vez para echarme unas miradas que iban desde la sorpresa al desprecio. El doctor en cambio levanto una mano ofreciéndome el televisor y le propuso a la Miriam, la más chica de las niponas, que me intercambiara el lugar para que yo pudiera ver mejor.
Cuando prendí el televisor Robotech estaba a punto de empezar y me sentí dichoso de no haberme perdido ni un segundo del capitulo qué ya habría visto unas cinco o veinticinco veces. Comí sin despegar la vista de la pantalla. El doctor se mostró o fingió mostrarse interesado y le fui haciendo un breve resumen de la historia del Rick Hunter, Mick Mei, el SDF1, su lucha contra los Centraedi y el misterio de la protocultura. Ana, la mas grande las germanas, que era muy parecida a un tanque Panzer de la segunda guerra mundial no pudo guardarse el comentario para después de la despedida.
_ Es una especie de idiota_ afirmo mientras devoraba un buen bocado de algo que nunca pregunte de que se trataba pero que tenia buen sabor. El doctor le lanzo una mirada reprobadora. Tenía los modales de un caballero ingles y tal vez también hubiera algo de eso en su sangre.
_ Ana, por favor_ dijo tranquilamente.
Termino Robotech y yo mismo toque el control de apagado del control remoto. La sirvienta trajo otra cosa que no reconocí de postre, y también me gusto. El convite estaba por terminar y yo no había aportado mucho con mi presencia. El doctor en cambio parecía satisfecho, llevaba una sonrisa satisfecha, como si cumpliese con los requisitos de la casa.
_ Usted no es de hablar mucho_ me dijo mientras le pegaba una cucharada al postre. .
_ ¿Y para que?_ fue mi respuesta.
Yo me encontraba en su mesa gracias a un pequeño tomo de poesía grosera e inexperta que había publicado meses atrás sin mayor esperanzas que la de poder pagar un mes de alquiler. El doctor había quedado fascinado por aquellas paginas, yo asombrado de su fascinación. Si lo que el doctor esperaba era que me pusiera a hablar con el de poesía le esperaba una gran decepción. Si dios quería que hubiese un asunto con dinero de por medio me convertiría en poeta en ese mismo instante. Pero no.
El doctor me había hecho llamar a través de algunos funcionarios públicos que solventaban cualquier palabra que el buen Flash propusiera. Vivía en una mansión fastuosa sobre la avenida Maria Ocampo, aunque era simple y espontáneo en lo que refería a sus modales. Me sentía incomodo sentado a aquélla extensa mesa, sintiendo los ojos de las hijas de Flash sobre mi, como si fuera el nuevo capricho de papá. La comida todavía no había llegado y el viejo ya había empezado a largar una perorata acerca de las virtudes de mi obra. Tenía una forma de hablar y un acento que lo envolvía todo; no era un erudito, era un tipo que sabia hacerse entender. De todas formas no le prestaba mayor atención. Yo sufría porque me estaba perdiendo un capitulo de Robotech, de la primera generación. Miraba el televisor apagado de reojo como si mi deseo pudiera encender la maquina. Pero nada.
De las cinco hijas de Flash tres de ellas tenían un inconfundible porte germánico; grandes, rubias, anchas e insulsas, de carne rosada y espalda de cargador de puerto. Ana era la mas grande, Ingrid la del medio y le seguía Judit, la mas pequeña. Sentada a la mesa en este orden parecían un juego de muñecas rusas y a uno le urgía por saber si después de comer se meterían una dentro de otra para irse a dormir. Tampoco había que imaginar mucho, por que el simple pensamiento tenia un tinte erótico que podía llevarlo a uno a una erección.
Las otras dos tenían rasgos nipones. Miriam, la mas pequeña, a primera vista parecía una nipona pura, aunque con un examen mas riguroso se podia ver las marcas occidentales en su rostro. Era de estatura media, pelo hasta la cintura y unos ojos algo inquisitivos. Alba, la mayor, alta y de pelo corto, tenia una mezcla mas homogénea, parecía fría y reservada, como si estuviera dentro de un congelador esperando a que alguien abriera la puerta.
Solo el doctor hablaba, los otros permanecíamos en silencio. Yo era un interlocutor pasivo; movía la cabeza, pronunciaba un “si” indiferente, hacia algún gesto de afirmación que nada significaba mas que el doctor podia seguir con lo suyo.
Cuando llego la comida el doctor me señaló que me encontraba distante y me pregunto si necesitaba algo.
La respuesta fue inmediata.
_ Quiero ver los dibujitos _ conteste.
Las hijas del doctor parecieron despertar de un profundo sueño y giraron las cinco cabezas a la vez para echarme unas miradas que iban desde la sorpresa al desprecio. El doctor en cambio levanto una mano ofreciéndome el televisor y le propuso a la Miriam, la más chica de las niponas, que me intercambiara el lugar para que yo pudiera ver mejor.
Cuando prendí el televisor Robotech estaba a punto de empezar y me sentí dichoso de no haberme perdido ni un segundo del capitulo qué ya habría visto unas cinco o veinticinco veces. Comí sin despegar la vista de la pantalla. El doctor se mostró o fingió mostrarse interesado y le fui haciendo un breve resumen de la historia del Rick Hunter, Mick Mei, el SDF1, su lucha contra los Centraedi y el misterio de la protocultura. Ana, la mas grande las germanas, que era muy parecida a un tanque Panzer de la segunda guerra mundial no pudo guardarse el comentario para después de la despedida.
_ Es una especie de idiota_ afirmo mientras devoraba un buen bocado de algo que nunca pregunte de que se trataba pero que tenia buen sabor. El doctor le lanzo una mirada reprobadora. Tenía los modales de un caballero ingles y tal vez también hubiera algo de eso en su sangre.
_ Ana, por favor_ dijo tranquilamente.
Termino Robotech y yo mismo toque el control de apagado del control remoto. La sirvienta trajo otra cosa que no reconocí de postre, y también me gusto. El convite estaba por terminar y yo no había aportado mucho con mi presencia. El doctor en cambio parecía satisfecho, llevaba una sonrisa satisfecha, como si cumpliese con los requisitos de la casa.
_ Usted no es de hablar mucho_ me dijo mientras le pegaba una cucharada al postre. .
_ ¿Y para que?_ fue mi respuesta.
Monday, March 17, 2008
Maidana y el otro
A lo lejos vio el bulto. Fue acercándose lento pero seguro, tirando cambios que sonaban como un animal atragantado. Había junto al bulto un eucalipto viejo, seco y chingado, con los brazos extendidos a un lado, como si el viento y el tiempo lo hubiesen maldecido. Hubiese sido mas justo decir que el bulto se encontraba junto al eucalipto. Y el bulto se encontraba junto al eucalipto, inerte. Parecían dos hermanos, uno junto al otro, esperando. Pero entre el árbol y el mediaba la alambrada y mas allá, por un corte en la parte alta de la alambrada pasaban la vías del tren, y había un cartel amarillo despintado, donde se veían los copos negros de una forma imposible de distinguir.
El bulto miraba hacia abajo, hacia la superficie barrosa del camino de tierra. Sus manos se encontraban excesivamente pegadas a los lados de su cuerpo y se encontraba quieto. Parecía encontrarse en el trance de algún pensamiento o esgrimiendo hacia la tierra alguna clase de reverencia. Vestía una camisa rosa impecable, con una suaves guardas en hilo en el cuello, unos pantalones de paño negros aferrados con un cinturón de cuero marrón y zapatos negros, impecables tambien, menos por el borde de la suela donde el barro había comenzado a trepar.
Justo Maidana freno a un metro del bulto, sobre el borde del camino de tierra, evitando la elevación del terraplén del tren. Era mejor no tentar a los frenos del viejo jeep con desafíos innecesarios. El bulto frente a el no se movió. Maidana miro un rato largo sin saber que hacer. El otro ni siquiera levantaba la vista. El pelo seco y ralo parecía mal cortado a los bordes, por debajo salían unas grandes orejas, blancas y carnosas, con la parte superior roja por el viento frió que había dejado la lluvia. Los pómulos se encontraban del mismo color. El hombre, en su totalidad, no daba señales de vida. Justo Maidana, por alguna razón que superaba el desprecio a los citadinos no quería hacerse anunciar. Estaba cansado.
Justo Maidana tenia un hijo; Ángel Maidana. El rostro del chico era el de un ángel, aunque era más hermoso y, de hecho, más real. Con el paso del tiempo el rostro del chico iba perfeccionándose, adoptando rasgos nuevos y misteriosos, como un vino que se va añejando. El paisanaje se sentía incomodo junto a el, el propio Justo Maidana se sentía incomodo en su presencia, y el chico en si no era mas civilizado o recio que los demás hombres del campo. Sin embargo eso no impedía que en los asados los hombres comentaran que de noche la cabeza de Ángel irradiaba una leve luz, y desprendía una música suave que se iba haciendo más audible a medida que el chico se iba alejando. “Ese fue concebido sin pecado Maidana” bromeaban los gauchos, “Te la trinco dios nomás te fuiste pa la pulpería”. “Mejor dio’ que lo que están acá, paisanos brutos y pobres”, respondía Maidana, excluyéndose del montón.
Por fin Maidana se desprendió de sus cavilaciones y decidió a sacar la mano por el costado y golpeo varias veces el techo de jeep. Luego se seco la humedad en el pecho de la camisa manchándola de barro.
El hombre respondió al sonido levantando la cabeza. Los ojos, marrones claros, parecían dos bolitas descansando en un enorme poso. A Maidana la primera impresión lo asusto. Los comparo con dos pequeños huevos de codorniz descansando en un gran nido. Los ojos lo miraron unos segundos sin expresión y Maidana se figuro que el amigo del patrón seria un reverendo imbecil. A un lado, recién ahí lo noto, descansaba una valija verde, alta, con rueditas y una manija plegable, semihundida en el barro. Arriba de la valija había apoyado un maletín mínimo, donde Maidana pensó que nada podía entrar, aunque el bulto escondía allí su mundo entero.
Se bajo hundiendo las botas en el barro. Hacia frío, no se podría decir afuera pues las puertas del jeep eran apenas dos chapas para impedir que el conductor o el acompañante cayeran, pero si para estar fuera del alcance del calor que irradiaba el motor. Maidana se acerco al bulto y estiro la mano hacia el otro, acordándose a último momento que aun le quedaba barro sobre la palma. Cuando el otro iba al tomarla Maidana la retiro para limpiarla bien, y al ver el rechazo el bulto no pudo mas que abrir grandes los ojos y volver nuevamente la vista al piso.
_ Me mandan los Gonzáles….._ exclamo Maidana mientras buscaba en su cabeza las palabras para disculparse. Pero el bulto ya había tomado el maletín y tiraba de la manija de la valija tratando de despegarla del barro.
_ Déjemelo ayudarlo, hombre_ dijo Maidana, tratando de parecer amigable, pero casi arrancadole la valija de la mano por el nerviosismo. Frente a la fuerza de Maidana la valija se despego del piso como una fruta madura de un árbol. El bulto quedo a un lado, inmóvil, como un muñeco inútil o roto.
_ Súbase al jeep que yo dejo esto atrás_ largo Maidana.
Mientras guardaba la valija vio al hombre obedecerlo como si el fuera un amo demasiado severo. Lo hizo con tanta urgencia que antes de subir un pie resbalo y casi cae de bruces al barro. Milagrosamente llego a tomarse de la puerta del Jeep, con maletincito y todo. Luego abrió la puerta con dificultad y se sentó en el asiento del acompañante.
Para esta altura Maidana sentía un mal gusto en la boca. Se sentía miserable. No temía que lo Gonzáles lo reprendieran o tomaran represarías por su comportamiento, pues el podía arreglárselas mas que bien sin ellos. En realidad esto ni siquiera pasaba por su cabeza. Gonzáles había dicho que el bulto era un amigo que venia a relajarse unos días al campo y era esto sobre lo que pensaba Maidana; Le estaba dando al hombre un mal pie, y estaba quedando el como un incivilizado, o todavía peor, un irrespetuoso. Y Maidana sabia bien que la idea que se haría de él el bulto seria la que usaría luego para medir a las demás gentes del lugar. Estaba mancillando su hogar.
El bulto miraba hacia abajo, hacia la superficie barrosa del camino de tierra. Sus manos se encontraban excesivamente pegadas a los lados de su cuerpo y se encontraba quieto. Parecía encontrarse en el trance de algún pensamiento o esgrimiendo hacia la tierra alguna clase de reverencia. Vestía una camisa rosa impecable, con una suaves guardas en hilo en el cuello, unos pantalones de paño negros aferrados con un cinturón de cuero marrón y zapatos negros, impecables tambien, menos por el borde de la suela donde el barro había comenzado a trepar.
Justo Maidana freno a un metro del bulto, sobre el borde del camino de tierra, evitando la elevación del terraplén del tren. Era mejor no tentar a los frenos del viejo jeep con desafíos innecesarios. El bulto frente a el no se movió. Maidana miro un rato largo sin saber que hacer. El otro ni siquiera levantaba la vista. El pelo seco y ralo parecía mal cortado a los bordes, por debajo salían unas grandes orejas, blancas y carnosas, con la parte superior roja por el viento frió que había dejado la lluvia. Los pómulos se encontraban del mismo color. El hombre, en su totalidad, no daba señales de vida. Justo Maidana, por alguna razón que superaba el desprecio a los citadinos no quería hacerse anunciar. Estaba cansado.
Justo Maidana tenia un hijo; Ángel Maidana. El rostro del chico era el de un ángel, aunque era más hermoso y, de hecho, más real. Con el paso del tiempo el rostro del chico iba perfeccionándose, adoptando rasgos nuevos y misteriosos, como un vino que se va añejando. El paisanaje se sentía incomodo junto a el, el propio Justo Maidana se sentía incomodo en su presencia, y el chico en si no era mas civilizado o recio que los demás hombres del campo. Sin embargo eso no impedía que en los asados los hombres comentaran que de noche la cabeza de Ángel irradiaba una leve luz, y desprendía una música suave que se iba haciendo más audible a medida que el chico se iba alejando. “Ese fue concebido sin pecado Maidana” bromeaban los gauchos, “Te la trinco dios nomás te fuiste pa la pulpería”. “Mejor dio’ que lo que están acá, paisanos brutos y pobres”, respondía Maidana, excluyéndose del montón.
Por fin Maidana se desprendió de sus cavilaciones y decidió a sacar la mano por el costado y golpeo varias veces el techo de jeep. Luego se seco la humedad en el pecho de la camisa manchándola de barro.
El hombre respondió al sonido levantando la cabeza. Los ojos, marrones claros, parecían dos bolitas descansando en un enorme poso. A Maidana la primera impresión lo asusto. Los comparo con dos pequeños huevos de codorniz descansando en un gran nido. Los ojos lo miraron unos segundos sin expresión y Maidana se figuro que el amigo del patrón seria un reverendo imbecil. A un lado, recién ahí lo noto, descansaba una valija verde, alta, con rueditas y una manija plegable, semihundida en el barro. Arriba de la valija había apoyado un maletín mínimo, donde Maidana pensó que nada podía entrar, aunque el bulto escondía allí su mundo entero.
Se bajo hundiendo las botas en el barro. Hacia frío, no se podría decir afuera pues las puertas del jeep eran apenas dos chapas para impedir que el conductor o el acompañante cayeran, pero si para estar fuera del alcance del calor que irradiaba el motor. Maidana se acerco al bulto y estiro la mano hacia el otro, acordándose a último momento que aun le quedaba barro sobre la palma. Cuando el otro iba al tomarla Maidana la retiro para limpiarla bien, y al ver el rechazo el bulto no pudo mas que abrir grandes los ojos y volver nuevamente la vista al piso.
_ Me mandan los Gonzáles….._ exclamo Maidana mientras buscaba en su cabeza las palabras para disculparse. Pero el bulto ya había tomado el maletín y tiraba de la manija de la valija tratando de despegarla del barro.
_ Déjemelo ayudarlo, hombre_ dijo Maidana, tratando de parecer amigable, pero casi arrancadole la valija de la mano por el nerviosismo. Frente a la fuerza de Maidana la valija se despego del piso como una fruta madura de un árbol. El bulto quedo a un lado, inmóvil, como un muñeco inútil o roto.
_ Súbase al jeep que yo dejo esto atrás_ largo Maidana.
Mientras guardaba la valija vio al hombre obedecerlo como si el fuera un amo demasiado severo. Lo hizo con tanta urgencia que antes de subir un pie resbalo y casi cae de bruces al barro. Milagrosamente llego a tomarse de la puerta del Jeep, con maletincito y todo. Luego abrió la puerta con dificultad y se sentó en el asiento del acompañante.
Para esta altura Maidana sentía un mal gusto en la boca. Se sentía miserable. No temía que lo Gonzáles lo reprendieran o tomaran represarías por su comportamiento, pues el podía arreglárselas mas que bien sin ellos. En realidad esto ni siquiera pasaba por su cabeza. Gonzáles había dicho que el bulto era un amigo que venia a relajarse unos días al campo y era esto sobre lo que pensaba Maidana; Le estaba dando al hombre un mal pie, y estaba quedando el como un incivilizado, o todavía peor, un irrespetuoso. Y Maidana sabia bien que la idea que se haría de él el bulto seria la que usaría luego para medir a las demás gentes del lugar. Estaba mancillando su hogar.
Thursday, March 13, 2008
Las Moscas
Sujeto A: Si escribís un cuento jamás le pongas de titulo "Las moscas". Es un titulo demasiado obvio; rebosa de mal gusto y poca originalidad.
Sujeto B: Te parece.
Sujeto A: absolutamente.
Sujeto B: Bueno, no importa, igual tenia otro titulo para ponerle.
Sujeto A: ¿Cual?
Sujeto B: Reflección y refracción de la luz sobre la superficie cilíndrica de dos vasos de Fernet.
Sujeto A: ¿De que se trata?
Sujeto B: De dos moscas. Están paradas sobre la mesa de un bar y una le dice a la otra:
Mosca A: Si escribís un cuento jamás le pongas de titulo "Las moscas". Es un titulo demasiado pretencioso; Entre nosotros, te digo, suena demasiado demagógico.
Mosca B: Te parece.
Mosca A: Palabra de mosca.
Mosca B: Bueno, no importa, igual tenia otro titulo para ponerle.
Mosca A: ¿Cual?
Mosca B: Reflexión y refracción de la luz sobre la superficie cilíndrica de dos vasos de Fernet.
Mosca A: ¡Mierda!, suena interesante, ¿de que se trata?
Mosca B: De dos vasos de fernet que hablan sobre la mesa de un bar.........junto a dos moscas...uno dice;
Vaso A: Estoy cansado de los escritores modernos que mandan cualquier fruta con tal de ser originales. ¿Donde están los García Márquez, los Borges, los Soriano? La verdad es que estos tipos me enferman.
Vaso B: Si, puede ser. Che, que tenes; ¿Branca o Capri?
Vaso A: Apesto a Capri.
Vaso B: No tienen vergüenza, ya ni códigos hay.
Vaso B: ¡¡No ves!! justamente de eso te hablaba.
Fin A: La historia no tenia sentido.
Fin B: No se, estoy cansado de ser fin, me gustaría trabajar de titulo.
Fin A: Te parece, no te enteras de nada.
Fin B: Nada que ver, una prima mía fue principio de un libro de Cohelo, un boom editorial.
Fin A:¡¡no!!
Fin B: ¿No te había contado?
Fin A: No, forra. Te lo tenías guardado.
Sujeto B: Te parece.
Sujeto A: absolutamente.
Sujeto B: Bueno, no importa, igual tenia otro titulo para ponerle.
Sujeto A: ¿Cual?
Sujeto B: Reflección y refracción de la luz sobre la superficie cilíndrica de dos vasos de Fernet.
Sujeto A: ¿De que se trata?
Sujeto B: De dos moscas. Están paradas sobre la mesa de un bar y una le dice a la otra:
Mosca A: Si escribís un cuento jamás le pongas de titulo "Las moscas". Es un titulo demasiado pretencioso; Entre nosotros, te digo, suena demasiado demagógico.
Mosca B: Te parece.
Mosca A: Palabra de mosca.
Mosca B: Bueno, no importa, igual tenia otro titulo para ponerle.
Mosca A: ¿Cual?
Mosca B: Reflexión y refracción de la luz sobre la superficie cilíndrica de dos vasos de Fernet.
Mosca A: ¡Mierda!, suena interesante, ¿de que se trata?
Mosca B: De dos vasos de fernet que hablan sobre la mesa de un bar.........junto a dos moscas...uno dice;
Vaso A: Estoy cansado de los escritores modernos que mandan cualquier fruta con tal de ser originales. ¿Donde están los García Márquez, los Borges, los Soriano? La verdad es que estos tipos me enferman.
Vaso B: Si, puede ser. Che, que tenes; ¿Branca o Capri?
Vaso A: Apesto a Capri.
Vaso B: No tienen vergüenza, ya ni códigos hay.
Vaso B: ¡¡No ves!! justamente de eso te hablaba.
Fin A: La historia no tenia sentido.
Fin B: No se, estoy cansado de ser fin, me gustaría trabajar de titulo.
Fin A: Te parece, no te enteras de nada.
Fin B: Nada que ver, una prima mía fue principio de un libro de Cohelo, un boom editorial.
Fin A:¡¡no!!
Fin B: ¿No te había contado?
Fin A: No, forra. Te lo tenías guardado.
Monday, March 3, 2008
Las putas
Libia tenía los ojos verdes. Y en realidad sus ojos eran verdes. Parecía que había allí un bagaje nada despreciable; historias de amor truncas, felicidades de la infancia, la pura decadencia de la rutina. Todo estaba allí y se podía presentir con solo mirarla a los ojos, como si uno viera el fondo de un pozo atestados de momentos pasados. Todo lo que se reflejaba en sus ojos parecía remoto; Aun esa bella y palpable tristeza del momento, del acá, del ahora, se presentaba como una añoranza, algo inimaginablemente lejano. Un cóctel de agua y menta, eso eran sus ojos. Mostraban en realidad más de lo que uno quería conocer.
Su rostro era un tiempo postergado; se reflejaba sobre el una belleza que nunca había logrado llegar a ser. La mala vida, las carencias, los excesos habían mellado sus mejores años. El rostro se había caído algo hacia abajo y hacia delante, como si hubiese sufrido un pequeño desmoronamiento, una cicatriz casi imperceptible, un corte nimio pero presente maquillaba un costado derecho del ojo, la piel se había vuelto porosa y blanquecina, parecía verse a través de ella otra humanidad.
Su cuerpo no hubiese podido ofrecer nunca nada; Los senos pequeños se encontraba caídos, los muslos eran demasiado anchos, blancuzcos y viscosos. El cuerpo había ido tomando una forma extraña; Carente de caderas, ancho de hombros, de prominentes tobillos y de pies pequeños. Era una bella deformidad.
Pasaba el tiempo apoyada en el marco de la puerta de su cuarto, del otro lado del pasillo. Allí trabajaba. El marco de madera se encontraba astillado y estaba pintado de un rojo fuerte que yo jamás había visto antes. Desde donde me encontraba parecía sangre coagulada de plástico. Los ojos de Libia contrastaban contra el marco como dos praderas oblongas; El humo que subía de su cigarrillo, y algún gemido suave, el gris derruido del pasillo del edificio, todo formaban una que otra vez una sola impresión. Pero la mayoría de las veces aquello parecía ser solo un sueño; Aquellos ojos y el tiempo que se mantenía quieto; esos ruidos extraños que a veces se colaban del interior de las paredes y las risas lejanas, suaves, como de secreto de alcoba.
El pasillo era un espacio extenso, alto y angosto. Unas anchas vigas de madera de un amarillo deslucido cortaban de cuando en cuando el techo, horizontales. Sobre ellas se veía el anaranjado limpio de unos ladrillos grandes como cajas de zapatos. Gravitaban limpios y estáticos sobre nuestras cabezas, como esperando para caer todos de a una vez. El edifico sobre la calle Lavalle contaría con algo menos de un siglo y aunque daba la impresión de que no tardaría mucho en derrumbarse por mutus propio nada caía sobre el pasillo del primer piso, mas que algún resto de polvo que movían las ratas que ocupaban los pisos abandonados.
A veces se escuchaba el tintineo de la campana de la puerta de entrada, allí abajo, donde llegaban las viejas escaleras de mármol. Era un tramo empinado y melancólico, encapotado por un techo de madera en forma de arco. Aun costado, a medio camino de los empinados escalones, sobre el lado derecho, había una foto enmarcada de Gardel y Lepera. El vidrio del cuadro se mantenía cubierto de polvo y la imagen apenas lograba dilucidarse. Era un cuadro extraño. Nadie sabia en realidad de donde había salido, que función cumplía o porque seguía aun allí. Era nada más que una presencia quieta y constante, en un ambiente repleto de figuras quietas y constantes.
A veces, luego de escuchar la campanilla de la puerta de entrada se escuchaban los pasos subiendo por las escaleras. Siempre y cuando una cumbia no atestaba el pasillo. Luego un hombre aparecía tras las tiras de color que cubrían la entrada del pasillo; Entonces las mujeres se levantaban los corpiños, arrojaban los cigarrillos a un lado, formaban una sonrisa que se mezclaba con la expresión triste de sus rostros. El hombre se quedaba quieto un tiempo, miraba el paisaje y comenzaba adentrase como quien se adentra en un paraje desconocido y hostil.
Aquellos hombres llevaban un semblante desolado, ansioso, cuando no estupefaciente. Sus cuerpos eran duros, pero estaban quebrados. Muchos de ellos parecían venir luchando contra ellos mismos desde el principio de su existencia. Bolivianos esféricos, chaqueños oscuros, paraguayos pequeños, fibrosos y taciturnos. Todos aquellos hombres pertenecían a una sola especie; una raza subterránea de parias sociales. Estudiaban a las mujeres como si pudieran ver en ellas belleza, como si ellos pudieran descifrar una belleza oculta, que aunque tal vez estuviera presente, era tierra mancillada hacia ya tiempo. Yo sabia que ni siquiera ellos creían su mentira, pero aquello era tan solo una pantomima que se practicaba de ambos lados, con la complicidad de las putas. Ellas eran parte de aquella mentira, como ellos eran parte de la otra mitad de aquella farsa.
Su rostro era un tiempo postergado; se reflejaba sobre el una belleza que nunca había logrado llegar a ser. La mala vida, las carencias, los excesos habían mellado sus mejores años. El rostro se había caído algo hacia abajo y hacia delante, como si hubiese sufrido un pequeño desmoronamiento, una cicatriz casi imperceptible, un corte nimio pero presente maquillaba un costado derecho del ojo, la piel se había vuelto porosa y blanquecina, parecía verse a través de ella otra humanidad.
Su cuerpo no hubiese podido ofrecer nunca nada; Los senos pequeños se encontraba caídos, los muslos eran demasiado anchos, blancuzcos y viscosos. El cuerpo había ido tomando una forma extraña; Carente de caderas, ancho de hombros, de prominentes tobillos y de pies pequeños. Era una bella deformidad.
Pasaba el tiempo apoyada en el marco de la puerta de su cuarto, del otro lado del pasillo. Allí trabajaba. El marco de madera se encontraba astillado y estaba pintado de un rojo fuerte que yo jamás había visto antes. Desde donde me encontraba parecía sangre coagulada de plástico. Los ojos de Libia contrastaban contra el marco como dos praderas oblongas; El humo que subía de su cigarrillo, y algún gemido suave, el gris derruido del pasillo del edificio, todo formaban una que otra vez una sola impresión. Pero la mayoría de las veces aquello parecía ser solo un sueño; Aquellos ojos y el tiempo que se mantenía quieto; esos ruidos extraños que a veces se colaban del interior de las paredes y las risas lejanas, suaves, como de secreto de alcoba.
El pasillo era un espacio extenso, alto y angosto. Unas anchas vigas de madera de un amarillo deslucido cortaban de cuando en cuando el techo, horizontales. Sobre ellas se veía el anaranjado limpio de unos ladrillos grandes como cajas de zapatos. Gravitaban limpios y estáticos sobre nuestras cabezas, como esperando para caer todos de a una vez. El edifico sobre la calle Lavalle contaría con algo menos de un siglo y aunque daba la impresión de que no tardaría mucho en derrumbarse por mutus propio nada caía sobre el pasillo del primer piso, mas que algún resto de polvo que movían las ratas que ocupaban los pisos abandonados.
A veces se escuchaba el tintineo de la campana de la puerta de entrada, allí abajo, donde llegaban las viejas escaleras de mármol. Era un tramo empinado y melancólico, encapotado por un techo de madera en forma de arco. Aun costado, a medio camino de los empinados escalones, sobre el lado derecho, había una foto enmarcada de Gardel y Lepera. El vidrio del cuadro se mantenía cubierto de polvo y la imagen apenas lograba dilucidarse. Era un cuadro extraño. Nadie sabia en realidad de donde había salido, que función cumplía o porque seguía aun allí. Era nada más que una presencia quieta y constante, en un ambiente repleto de figuras quietas y constantes.
A veces, luego de escuchar la campanilla de la puerta de entrada se escuchaban los pasos subiendo por las escaleras. Siempre y cuando una cumbia no atestaba el pasillo. Luego un hombre aparecía tras las tiras de color que cubrían la entrada del pasillo; Entonces las mujeres se levantaban los corpiños, arrojaban los cigarrillos a un lado, formaban una sonrisa que se mezclaba con la expresión triste de sus rostros. El hombre se quedaba quieto un tiempo, miraba el paisaje y comenzaba adentrase como quien se adentra en un paraje desconocido y hostil.
Aquellos hombres llevaban un semblante desolado, ansioso, cuando no estupefaciente. Sus cuerpos eran duros, pero estaban quebrados. Muchos de ellos parecían venir luchando contra ellos mismos desde el principio de su existencia. Bolivianos esféricos, chaqueños oscuros, paraguayos pequeños, fibrosos y taciturnos. Todos aquellos hombres pertenecían a una sola especie; una raza subterránea de parias sociales. Estudiaban a las mujeres como si pudieran ver en ellas belleza, como si ellos pudieran descifrar una belleza oculta, que aunque tal vez estuviera presente, era tierra mancillada hacia ya tiempo. Yo sabia que ni siquiera ellos creían su mentira, pero aquello era tan solo una pantomima que se practicaba de ambos lados, con la complicidad de las putas. Ellas eran parte de aquella mentira, como ellos eran parte de la otra mitad de aquella farsa.
Thursday, February 7, 2008
Cancion trunca
Un hombre
que es tan solo
una cama y un placard
un florero en su lugar
No es facil
ser loco
hay que luchar y luchar
la cordura es tan brutal
que es tan solo
una cama y un placard
un florero en su lugar
No es facil
ser loco
hay que luchar y luchar
la cordura es tan brutal
Tuesday, February 5, 2008
Otto Von Vraun biography
Había una vez una vaca
en la quebrada del Humauhaca
como no tenia plata
le dieron matraca, matraca
Vaca hija de puta
la puta que te parió } bis
Esta es la famosa canción escrita en 1944 por el científico Alemán Otto Von Vraun en vísperas de la caída del tercer Reich bajo la ocupación de las tropas rusas. Acosado por la inexactitud de los resultados en los cálculos del peso específico del Uranio refinado 257 Von Vraun decide volcarse a la música y tomando el Uquelele regalado por el general Himmler compone esta hermosa pieza que pronto pasara al primer plano del patrimonio musical Germano. En patas y calzoncillos sale a la calle a cantar esta pieza bajo el fuego de los obuses Rusos. La crítica lo acusa de extremista; pero la critica muere en una emboscada en la batalla de Bratisburgo.
Von Vraun desaparece por varios años y reaparece en los sesenta en los bajos mundos de la ciudad de Kentucky con su banda Country Folk "Von Vraun y los 8 negros del Reich". Sacan un hit que estaría doce semanas en los charts de la ciudad "Adoro mi pollo Kentucky y chuqui, chuqui, chuqui" donde Von Vraun se explayaría sobre la fragilidad del ser y las ideas radicales de la nueva corriente clasista y combativa del Kentucky gremial and another things.
Von Vraun es echado a patadas en el orto de Kentucky a mediados de los setenta por negarse a ponerle sabora a un pancho y se radica en la ciudad de New York donde traba amistad con el artista plástico Andy Wharhol. De el diría "Esta mas loco que un poste de luz" a lo que Wharhol contraatacaría diciendo "No le entiendo ni jota, no hablo Alemán".
A final de los setenta Von Vraun se vuelca de lleno a la música y empieza a frecuentar el underground punk de New York hasta que logra formar una banda formada casi exclusivamente de adictos y ex profesores de literatura. "Von Vraun is not Norman Brisqui" ve la luz por primera vez el 4 de agosto del 1979 en la CBGB del barrio de Queens. Son la banda insignia del punk neoyorquino por casi tres meses hasta que Von Vraun se hace adicto a las llamadas telefónicas eróticas y la caga.
Casi veinte años le cuesta a Von Vraun llegar a un orgasmo con el método de estimulación telefónica. Todo este tiempo se mantiene a base de una dieta hecha exclusivamente de yogurt bebible que según el incrementa su poder sexual. Se sostiene con las regalías provenientes desde Alemania por la ascendente fama de su canción "La vaca puta del Humauhaca".
Von Vraun supera por fin su adicción a fines del 2004 tras un recital a Beneficio "Von Vraun Aids" donde acuden grandes personajes del ambiente musical mundial. "El Alemán chungo", como le llaman sus amigos, forma en el 2005 la banda "Von Vraun vamo que vamo" y saca al mercado un álbum doble llamado "Graham Bell piece of shit".
Von Vraun muere el 4 de julio del 2006 mientras conduce su auto convertible por una autopista a ciento noventa quilómetros por hora. Se encuentra un teléfono celular pegado al craneo del difunto desde donde sale una voz que dice "Si papi, tócame bebe". Los funerales son multitudinarios. Bono, cantante de U2, dice de el que nunca lo conoció y que no tiene idea de su obra. La convención de Ginebra comienza a sospechar que Von Vraun era un criminal de guerra.
Sea como sea en el corazón del pueblo Alemán todavía queda esta hermosa melodía que reza:
Había una vez una vaca
en la quebrada del humahuaca
como no tenia plata
le dieron matraca, matraca
vaca hija de puta
la puta que te pario} bis
A la memoria de Otto Von Vraun
en la quebrada del Humauhaca
como no tenia plata
le dieron matraca, matraca
Vaca hija de puta
la puta que te parió } bis
Esta es la famosa canción escrita en 1944 por el científico Alemán Otto Von Vraun en vísperas de la caída del tercer Reich bajo la ocupación de las tropas rusas. Acosado por la inexactitud de los resultados en los cálculos del peso específico del Uranio refinado 257 Von Vraun decide volcarse a la música y tomando el Uquelele regalado por el general Himmler compone esta hermosa pieza que pronto pasara al primer plano del patrimonio musical Germano. En patas y calzoncillos sale a la calle a cantar esta pieza bajo el fuego de los obuses Rusos. La crítica lo acusa de extremista; pero la critica muere en una emboscada en la batalla de Bratisburgo.
Von Vraun desaparece por varios años y reaparece en los sesenta en los bajos mundos de la ciudad de Kentucky con su banda Country Folk "Von Vraun y los 8 negros del Reich". Sacan un hit que estaría doce semanas en los charts de la ciudad "Adoro mi pollo Kentucky y chuqui, chuqui, chuqui" donde Von Vraun se explayaría sobre la fragilidad del ser y las ideas radicales de la nueva corriente clasista y combativa del Kentucky gremial and another things.
Von Vraun es echado a patadas en el orto de Kentucky a mediados de los setenta por negarse a ponerle sabora a un pancho y se radica en la ciudad de New York donde traba amistad con el artista plástico Andy Wharhol. De el diría "Esta mas loco que un poste de luz" a lo que Wharhol contraatacaría diciendo "No le entiendo ni jota, no hablo Alemán".
A final de los setenta Von Vraun se vuelca de lleno a la música y empieza a frecuentar el underground punk de New York hasta que logra formar una banda formada casi exclusivamente de adictos y ex profesores de literatura. "Von Vraun is not Norman Brisqui" ve la luz por primera vez el 4 de agosto del 1979 en la CBGB del barrio de Queens. Son la banda insignia del punk neoyorquino por casi tres meses hasta que Von Vraun se hace adicto a las llamadas telefónicas eróticas y la caga.
Casi veinte años le cuesta a Von Vraun llegar a un orgasmo con el método de estimulación telefónica. Todo este tiempo se mantiene a base de una dieta hecha exclusivamente de yogurt bebible que según el incrementa su poder sexual. Se sostiene con las regalías provenientes desde Alemania por la ascendente fama de su canción "La vaca puta del Humauhaca".
Von Vraun supera por fin su adicción a fines del 2004 tras un recital a Beneficio "Von Vraun Aids" donde acuden grandes personajes del ambiente musical mundial. "El Alemán chungo", como le llaman sus amigos, forma en el 2005 la banda "Von Vraun vamo que vamo" y saca al mercado un álbum doble llamado "Graham Bell piece of shit".
Von Vraun muere el 4 de julio del 2006 mientras conduce su auto convertible por una autopista a ciento noventa quilómetros por hora. Se encuentra un teléfono celular pegado al craneo del difunto desde donde sale una voz que dice "Si papi, tócame bebe". Los funerales son multitudinarios. Bono, cantante de U2, dice de el que nunca lo conoció y que no tiene idea de su obra. La convención de Ginebra comienza a sospechar que Von Vraun era un criminal de guerra.
Sea como sea en el corazón del pueblo Alemán todavía queda esta hermosa melodía que reza:
Había una vez una vaca
en la quebrada del humahuaca
como no tenia plata
le dieron matraca, matraca
vaca hija de puta
la puta que te pario} bis
A la memoria de Otto Von Vraun
Wednesday, January 30, 2008
Las tolderias
Aun siento
Desde lejos
En tus pechos
El olor a semen seco
Vos reías
Todo el dia
Yo tomaba todo el vino
De las pulperías
Vos reías
Y querías
Festejar los días
Amando a todos los hombres de las tolderias
Desde lejos
En tus pechos
El olor a semen seco
Vos reías
Todo el dia
Yo tomaba todo el vino
De las pulperías
Vos reías
Y querías
Festejar los días
Amando a todos los hombres de las tolderias
Sunday, December 9, 2007
Radiohead pieces
Ella vive con un hombre quebrado,
un hombre de poliestireno agrietado
que se viene abajo y arde.
un hombre de poliestireno agrietado
que se viene abajo y arde.
Tuesday, December 4, 2007
Reposera infernal
No sabe nada el puto tio cabron. Cerrarle la boca de un puñetazo en su puto caretón tonto, tonto, tonto, tendría. Tendría que eso hacer y más. Partirle su mandarina en gajos. Eso que ni que. Y yo acá abarrotado de toda esa culiada bajonada de la merca. Y el puto haciéndose el novio con el transa y eso; Como si fuese su novia o algo. Como si ese transeta apestoso, grasiento como una tostada con manteca olvidada arriba de un aljibe en un dia de verano fuera su chica. Algo asqueroso, asqueroso, asqueroso el negro transeta ese. Y el intercambiando risitas como si fuera la puta novia, como si fuera la puta novia que es puta puta de verdad. Un verdadero monumento al genero gatuno la novia del sarlanga este. Una cosa de cómo que uno quiere hacerse una colección realmente bonita de cuernos, como las mierdas que le salen de la espada a la virgen Maria, o uno de esos Poquemones boludos que parecen inventados por algún chino con una depresión realmente jodida o un retraso mental grave.
Lo miro. El jodido chabon parece estar soldado al teléfono; Habla y sonríe ¿Como carajo alguien que viene tomando merca dos días seguidos puede llegar a sonreír? Pienso que se le soldaron los dientes. Y sin embargo el alto culiado inescrupuloso sigue estirando la lengua, dando charla y me pone mas hasta las pelotas.
Me levanto del sillón y camino hasta el teléfono. Me paro al lado, rozando el aparato con la punta de los jeans gastados.
_ ¿Y? Amiguito_ pregunto nervioso.
Apenas si puedo articular palabra, transpiro chorros y siento como el cuerpo se me acalambra. Articular esas solas palabras me pone de malar humor, me fastidia, y me agarra un repentino pánico de morderme la lengua en la próxima frase. Imagino las mandíbulas duras cortando la carne y un chorro rojo rojo que explota en mi lengua. La imagen me causa un espasmo y sin embargo tengo que seguirle hablando, comunicándome con el terrible engendro que sostiene el teléfono_ ¿Vas a seguir teniendo sexo telefónico con el Negro o vamos a ir a pegar algo de pastafrula?
El solo nombre me causa placer. Siento dentro mío que hay algo que no encaja. Como si de repente cayera una ficha del tetris que jamás vi, una jodida, con la forma de la esvástica, y yo tuviera que hacerla encajar sin embarrar la cancha. Pero esta bien. Esta bien eso y mas amiguitos. Una jodida cagada esto de estar re chungo de pastafrula en tizas y así. Me pica la parte de adentro de la nariz y parece que respirara acido. Pero decía; Esta bien, cuando uno esta base base, pensar todo en un concepto tétrico. Digamos decir, pensar todo en relación con el jodido tetris. Cada jodida situación hay que pensarla en base al juego, y eso ayuda a racionalizar cuando el raciocinio ya casi no da para más. Cada concepto debe ser pensado en base a una ficha que debe caer en su lugar. Pensado lento lento, dando y dando vuelta, hasta tomar forma. Ese es el pensamiento tétrico, amiguitos. Lo inventamos yo y otro chavalcete, un pibe bueno bueno como el pan de miga, que un año nuevo en la costanera se tiro al rio en pleno transe lisergico y desapareció con la mierda, el muy mierda, y no se si el muy hijoputa lisérgico no contamino mas el agua que todas las fabricas asesinas del docke, donde alguna vez se consiguió algo de buena pastafrula, pero ahora esta repleta de la peste básica que los negritos se fuman de chiquitos chiquitos para morirse como sapitos resecos al sol. Esos tiítos si que no tiene alma. Ni crecer para ser la peste que pueble el nuevo mundo llegan a ser. Son el humo del humo, del talco del talco, de la pipa que el mismisimito lucifer se fuma las mañanas soleadas de verano en su reposera infernal.
Lo miro. El jodido chabon parece estar soldado al teléfono; Habla y sonríe ¿Como carajo alguien que viene tomando merca dos días seguidos puede llegar a sonreír? Pienso que se le soldaron los dientes. Y sin embargo el alto culiado inescrupuloso sigue estirando la lengua, dando charla y me pone mas hasta las pelotas.
Me levanto del sillón y camino hasta el teléfono. Me paro al lado, rozando el aparato con la punta de los jeans gastados.
_ ¿Y? Amiguito_ pregunto nervioso.
Apenas si puedo articular palabra, transpiro chorros y siento como el cuerpo se me acalambra. Articular esas solas palabras me pone de malar humor, me fastidia, y me agarra un repentino pánico de morderme la lengua en la próxima frase. Imagino las mandíbulas duras cortando la carne y un chorro rojo rojo que explota en mi lengua. La imagen me causa un espasmo y sin embargo tengo que seguirle hablando, comunicándome con el terrible engendro que sostiene el teléfono_ ¿Vas a seguir teniendo sexo telefónico con el Negro o vamos a ir a pegar algo de pastafrula?
El solo nombre me causa placer. Siento dentro mío que hay algo que no encaja. Como si de repente cayera una ficha del tetris que jamás vi, una jodida, con la forma de la esvástica, y yo tuviera que hacerla encajar sin embarrar la cancha. Pero esta bien. Esta bien eso y mas amiguitos. Una jodida cagada esto de estar re chungo de pastafrula en tizas y así. Me pica la parte de adentro de la nariz y parece que respirara acido. Pero decía; Esta bien, cuando uno esta base base, pensar todo en un concepto tétrico. Digamos decir, pensar todo en relación con el jodido tetris. Cada jodida situación hay que pensarla en base al juego, y eso ayuda a racionalizar cuando el raciocinio ya casi no da para más. Cada concepto debe ser pensado en base a una ficha que debe caer en su lugar. Pensado lento lento, dando y dando vuelta, hasta tomar forma. Ese es el pensamiento tétrico, amiguitos. Lo inventamos yo y otro chavalcete, un pibe bueno bueno como el pan de miga, que un año nuevo en la costanera se tiro al rio en pleno transe lisergico y desapareció con la mierda, el muy mierda, y no se si el muy hijoputa lisérgico no contamino mas el agua que todas las fabricas asesinas del docke, donde alguna vez se consiguió algo de buena pastafrula, pero ahora esta repleta de la peste básica que los negritos se fuman de chiquitos chiquitos para morirse como sapitos resecos al sol. Esos tiítos si que no tiene alma. Ni crecer para ser la peste que pueble el nuevo mundo llegan a ser. Son el humo del humo, del talco del talco, de la pipa que el mismisimito lucifer se fuma las mañanas soleadas de verano en su reposera infernal.
Tuesday, November 27, 2007
Techistica
Hay que decir la verdad, un día me canse de toda esta vida, aunque no de su verticalidad. La gente era demasiada mierda; Y decidí ocupar los techos. Así de fácil. Yo caminaba por los techos, que eran lugar virgen de la ambición humana, y los otros pobres diablos andan por ahí, zapateando los pisos archí usados. Y me acostumbre a esa vida. Me acostumbre al tibio beso de las lámparas, a poder juzgar todos y cada uno de los escotes que ocupaban mi campo visual, a caminar de noche sin tropezarme con algún mueble.
Era una vida placentera, donde uno era dueño de su espacio. Tenia sus contrariedades, como todas las cosas, pero escuchen algo que aprendí de aquella experiencia; El hombre no se a acostumbrado aun a hacer un piso sin planear un techo. Así que ahí estaba yo en el trabajo, tipeando tranquilo con todo el techo para mí. Y ya se lo que pensaran algunos, y es verdad, el mundo real estaba abajo; el café, las aspirinas, el inodoro, todo. Pero hay que ver lo solidaria que es la gente cuando uno toma una decisión de esas medidas. Si si. Es gracioso cuando uno le tiran su primera lapicera al techo; verla volar en contra de la gravedad, caer hacia arriba. Y a la gente le gusta, por lo menos al principio. ¿Quien no quiere ver la gracia? Por que si a Newton se le salto un punto en su teoría esa era la voluntad humana. Y nada; Iba al trabajo, pasaba los días, iba a las fiestas siempre andando por el techo. Me sentía un dios. No porque estuviera mas arriba que los demás; Sino por el simple hecho desde aquella perspectiva no solo podía ver las cabezas (y los senos) sino que podía adivinar los pensamientos que salían de aquellas cocochas.
Es real que cuando tenía que caminar por la calle, con una verticalidad positiva, por llamarlo de alguna manera, me mareaba bastante. O que en los colectivos la gente me insultaba más de lo habitual. Pero es raro estar en la ciudad en un lugar abierto y mas rápido de lo que muchos podrían imaginar me empezaron a aceptar. En los bares siempre había un pibe que me traía una mesa al techo, a las chicas le excitaba mi exotismo techistico; En el trabajo me ascendían porque creían que yo me manejaba sobre el nivel de mis compañeros. Fue en mi cumpleaños; momento en el que yo me consideraba un tipo completamente feliz por mi desición, una de las mas inteligentes que el hombre a tomado, que me encontré con un fulano que entro a mi casa lo mas campante zapateando por el techo. Yo no supe que decir. Pero el muy descarado me dijo que yo era un genio, un visionario dijo, y se sentó en mi única silla techistica y se puso a golpear con un dedo el foquito de sesenta. Imaginen mi indignación. Pero no termino ahí. De a poco comenzaron a agregarse mas; Tipos que no merecían pisar el techo el que yo ocupaba. Aprovechaban a jugar al fútbol porque decían que no había lugar mejor. Escupían a los de abajo, se cagaban en cualquier ética techistica. Y eso, justamente eso, atrajo a otros. Se imaginaran lo que paso. De un día para otro aldábame codeando y empujando con tipejos a los que en su puta vida le había ido la sangre a la cabeza. Palermo, Belgrano, San Telmo; no había un bar donde las mesas no ocuparan únicamente el techo. Por supuesto, como siempre, no había cristo que no jurara que el había nacido de cabeza. Nada; ahora ando por las paredes, pero ya veo que me miran de reojo. En este mundo no se pude caminar tranquilo; Y tendrían que ver los rodeos que hay que hacer para ir al baño caminando por la paredes. Es otro viaje. Se disfruta si uno es un tipo abierto a otras experiencias y es realmente confuso. Me gusta mucho; que puedo decir. Pero ya me estoy esperando un tipejo que me joda en mi soledad horizontal; Y nada, con la paredistica paso algo raro. La gente se obnubila más por la inmediatez de un hecho que por la razón que lo origino. Y se olvida; Sobre todo la gente se olvida
Pero que se le va a hacer; La vida es así. Nadie le deja espacio a uno ni para ser original. Estaba yo pensando ahora mudarme dentro de la cubierta de la rueda de un colectivo; por lo que se son calentitas, mas espaciosas que un departamento de dos ambientes en capital y uno tiene la ventaja de que siempre esta en movimiento. Pero no digan nada; los chismes corren y saben como es la gente; no los conforman ni con toda la línea del 60. Putos tíos.
Era una vida placentera, donde uno era dueño de su espacio. Tenia sus contrariedades, como todas las cosas, pero escuchen algo que aprendí de aquella experiencia; El hombre no se a acostumbrado aun a hacer un piso sin planear un techo. Así que ahí estaba yo en el trabajo, tipeando tranquilo con todo el techo para mí. Y ya se lo que pensaran algunos, y es verdad, el mundo real estaba abajo; el café, las aspirinas, el inodoro, todo. Pero hay que ver lo solidaria que es la gente cuando uno toma una decisión de esas medidas. Si si. Es gracioso cuando uno le tiran su primera lapicera al techo; verla volar en contra de la gravedad, caer hacia arriba. Y a la gente le gusta, por lo menos al principio. ¿Quien no quiere ver la gracia? Por que si a Newton se le salto un punto en su teoría esa era la voluntad humana. Y nada; Iba al trabajo, pasaba los días, iba a las fiestas siempre andando por el techo. Me sentía un dios. No porque estuviera mas arriba que los demás; Sino por el simple hecho desde aquella perspectiva no solo podía ver las cabezas (y los senos) sino que podía adivinar los pensamientos que salían de aquellas cocochas.
Es real que cuando tenía que caminar por la calle, con una verticalidad positiva, por llamarlo de alguna manera, me mareaba bastante. O que en los colectivos la gente me insultaba más de lo habitual. Pero es raro estar en la ciudad en un lugar abierto y mas rápido de lo que muchos podrían imaginar me empezaron a aceptar. En los bares siempre había un pibe que me traía una mesa al techo, a las chicas le excitaba mi exotismo techistico; En el trabajo me ascendían porque creían que yo me manejaba sobre el nivel de mis compañeros. Fue en mi cumpleaños; momento en el que yo me consideraba un tipo completamente feliz por mi desición, una de las mas inteligentes que el hombre a tomado, que me encontré con un fulano que entro a mi casa lo mas campante zapateando por el techo. Yo no supe que decir. Pero el muy descarado me dijo que yo era un genio, un visionario dijo, y se sentó en mi única silla techistica y se puso a golpear con un dedo el foquito de sesenta. Imaginen mi indignación. Pero no termino ahí. De a poco comenzaron a agregarse mas; Tipos que no merecían pisar el techo el que yo ocupaba. Aprovechaban a jugar al fútbol porque decían que no había lugar mejor. Escupían a los de abajo, se cagaban en cualquier ética techistica. Y eso, justamente eso, atrajo a otros. Se imaginaran lo que paso. De un día para otro aldábame codeando y empujando con tipejos a los que en su puta vida le había ido la sangre a la cabeza. Palermo, Belgrano, San Telmo; no había un bar donde las mesas no ocuparan únicamente el techo. Por supuesto, como siempre, no había cristo que no jurara que el había nacido de cabeza. Nada; ahora ando por las paredes, pero ya veo que me miran de reojo. En este mundo no se pude caminar tranquilo; Y tendrían que ver los rodeos que hay que hacer para ir al baño caminando por la paredes. Es otro viaje. Se disfruta si uno es un tipo abierto a otras experiencias y es realmente confuso. Me gusta mucho; que puedo decir. Pero ya me estoy esperando un tipejo que me joda en mi soledad horizontal; Y nada, con la paredistica paso algo raro. La gente se obnubila más por la inmediatez de un hecho que por la razón que lo origino. Y se olvida; Sobre todo la gente se olvida
Pero que se le va a hacer; La vida es así. Nadie le deja espacio a uno ni para ser original. Estaba yo pensando ahora mudarme dentro de la cubierta de la rueda de un colectivo; por lo que se son calentitas, mas espaciosas que un departamento de dos ambientes en capital y uno tiene la ventaja de que siempre esta en movimiento. Pero no digan nada; los chismes corren y saben como es la gente; no los conforman ni con toda la línea del 60. Putos tíos.
Wednesday, November 21, 2007
Sunday, November 18, 2007
Braunis
_ Me acuerdo de una película de Woody Allen, la mina le comenta a Woody; “Nunca te dije lo de mi marido, fue una tragedia, era disléxico, lo único que sabia escribir era su nombre, se llamaba Otto”_ Comento Miro mientras caminaban por la vereda de la vieja fabrica y miro a Otto.
Otto le respondió con una sonrisa. Venia tomada de la mano de Frankfurt, mirando el piso, ensimismada.
_ A mi me gustan las películas de sangre_ dijo Benigna _ Cuantos mas brazos arrancados, cerebros volando y sangre salpicando mejor. Me gustan la de los muertos vivos y las de Freddy y Jason. Soy una agradecida de Wes Craven, Romero y Carpenter.
_ Vos lo que pasa es que no tenes criterio_ critico Miro.
_ “Vos lo que pasa es que no tenes criterio”_ imito Benigna poniendo vos nasal_ ¿Saben que la madre de Miro es una nariz parada que vive en un petite hotel todo para ella sola y tiene un mucamo negro que la atiende? ¡¡Es negro y usa uno de esos trajecitos con moño de mono bailarín de vitrola!!!Viene con cuchara de plata en la boca Don criterioso. Después anda pidiendo plata y se la termina gastando en libros de Milan Kundera_ y remato esto ultimo con una risotada.
_ Fue un solo libro de Milan Kundera_ corrigió Miro_ y no se que tenes contra Milan Kundera. Aparte, lo de mi tía, porque es mi tía aunque me haya cuidado como una madre, no es esnobismo, simplemente es un fetiche sexual. Kirindhu esta en casa desde que tengo memoria y es mas que un mucamo, Kirindhu tiene tanta vos como cualquiera, es como una especie de padre, en una forma muy particular de verlo.
_ Amen_ remato Frankfurt_ Yo en cambio ayer vi una película con Cameron Díaz donde aparecía un poema de E.E Cummings.
_ Que traumático debe ser llamarse E.E_ comento Benigna.
_ Así quedo.
_ Yo me lo imagino almorzando braunis con H.P. y J.J.R.
_ ¿Que carajo son los braunis?_ pregunto Frankfurt.
_ A mi me suena a un equipo gay de Basquetball_ dijo Miro_ Tipo los Braunis de Oklahoma.
_ Me encantaría diseñarles los uniformes_ acoto Otto, que era diseñadora de ropa_ Unos equipos rosas, con volados en los pantalones shorts, pero con fuerza, tipo gay power; Braunis Okland, goo, goo_ canturreo.
_ ¿Pantalones shorts?_ la miro Frankfurt bajando el ceño, con una sonrisa_ Parece una de esas combinaciones de palabras que hubiese usado mi abuela.
_ Vos lo decís por eso de “pantalones vaqueros” en vez de vaqueros o jeans.
_ Mi abuela les dice Levis_ acoto Benigna.
_ Esta bien que le diga Levis_ exclamo Miro_ A los vaqueros los invento Levi strauss para no rasparse las rodillas.
_ Eso es una leyenda, Miro_ refuto Frankfurt_ A los Jeans los invento un judío con el mismo apellido y que nunca había oído hablar de estructuralismo, pero venia oliendo el capitalismo desde lejos, se puso un kiosco en California en la época de la fiebre del oro.
_ Le debe haber ido bien.
_ Imaginate.
_ ¿A donde vamos?_ pregunto Otto, que había vuelto a ensimismarse, imaginando el equipo de basquetball gay en accion, atacando, defendiendo, tirando triples que caían puntualmente en la cesta. Y luego festejaban con un delirio sobreactuado, moviéndose como mariposas. Otto imaginaba en su cabeza el movimiento de las telas, el rose del contacto con la piel, el efecto de los colores. A cada movimiento de los jugadores el conjunto era una prenda nueva, más versátil, más vistosa, mejorada. Y dentro de cada prenda cada uno de los jugadores iba tomando una personalidad definida. Otto era una maquina afinada y su cabeza lo podía ir diseñando todo; personas, ropas, escenarios. No sabia bien como lo hacia, era un autismo natural. Había participado en el diseño de vestuario de varias películas y había terminado abarcándolo todo. Cada detalle tenia dentro otro detalle, y cada uno se conectaba misteriosamente con los demás, y ella podía descubrir, sabia, los hilos que unían el todo. Así era Otto, así era su mundo interior.
_ A lo de Goethe. Es un viejo cincuentón, pintor y gay, que dice que es pariente lejano del Goethe alemán. Pinta cuadros gigantes de los dibujos que traían antes las cartucheras de Sarah Kay. Es algo realmente espeluznante
Otto le respondió con una sonrisa. Venia tomada de la mano de Frankfurt, mirando el piso, ensimismada.
_ A mi me gustan las películas de sangre_ dijo Benigna _ Cuantos mas brazos arrancados, cerebros volando y sangre salpicando mejor. Me gustan la de los muertos vivos y las de Freddy y Jason. Soy una agradecida de Wes Craven, Romero y Carpenter.
_ Vos lo que pasa es que no tenes criterio_ critico Miro.
_ “Vos lo que pasa es que no tenes criterio”_ imito Benigna poniendo vos nasal_ ¿Saben que la madre de Miro es una nariz parada que vive en un petite hotel todo para ella sola y tiene un mucamo negro que la atiende? ¡¡Es negro y usa uno de esos trajecitos con moño de mono bailarín de vitrola!!!Viene con cuchara de plata en la boca Don criterioso. Después anda pidiendo plata y se la termina gastando en libros de Milan Kundera_ y remato esto ultimo con una risotada.
_ Fue un solo libro de Milan Kundera_ corrigió Miro_ y no se que tenes contra Milan Kundera. Aparte, lo de mi tía, porque es mi tía aunque me haya cuidado como una madre, no es esnobismo, simplemente es un fetiche sexual. Kirindhu esta en casa desde que tengo memoria y es mas que un mucamo, Kirindhu tiene tanta vos como cualquiera, es como una especie de padre, en una forma muy particular de verlo.
_ Amen_ remato Frankfurt_ Yo en cambio ayer vi una película con Cameron Díaz donde aparecía un poema de E.E Cummings.
_ Que traumático debe ser llamarse E.E_ comento Benigna.
_ Así quedo.
_ Yo me lo imagino almorzando braunis con H.P. y J.J.R.
_ ¿Que carajo son los braunis?_ pregunto Frankfurt.
_ A mi me suena a un equipo gay de Basquetball_ dijo Miro_ Tipo los Braunis de Oklahoma.
_ Me encantaría diseñarles los uniformes_ acoto Otto, que era diseñadora de ropa_ Unos equipos rosas, con volados en los pantalones shorts, pero con fuerza, tipo gay power; Braunis Okland, goo, goo_ canturreo.
_ ¿Pantalones shorts?_ la miro Frankfurt bajando el ceño, con una sonrisa_ Parece una de esas combinaciones de palabras que hubiese usado mi abuela.
_ Vos lo decís por eso de “pantalones vaqueros” en vez de vaqueros o jeans.
_ Mi abuela les dice Levis_ acoto Benigna.
_ Esta bien que le diga Levis_ exclamo Miro_ A los vaqueros los invento Levi strauss para no rasparse las rodillas.
_ Eso es una leyenda, Miro_ refuto Frankfurt_ A los Jeans los invento un judío con el mismo apellido y que nunca había oído hablar de estructuralismo, pero venia oliendo el capitalismo desde lejos, se puso un kiosco en California en la época de la fiebre del oro.
_ Le debe haber ido bien.
_ Imaginate.
_ ¿A donde vamos?_ pregunto Otto, que había vuelto a ensimismarse, imaginando el equipo de basquetball gay en accion, atacando, defendiendo, tirando triples que caían puntualmente en la cesta. Y luego festejaban con un delirio sobreactuado, moviéndose como mariposas. Otto imaginaba en su cabeza el movimiento de las telas, el rose del contacto con la piel, el efecto de los colores. A cada movimiento de los jugadores el conjunto era una prenda nueva, más versátil, más vistosa, mejorada. Y dentro de cada prenda cada uno de los jugadores iba tomando una personalidad definida. Otto era una maquina afinada y su cabeza lo podía ir diseñando todo; personas, ropas, escenarios. No sabia bien como lo hacia, era un autismo natural. Había participado en el diseño de vestuario de varias películas y había terminado abarcándolo todo. Cada detalle tenia dentro otro detalle, y cada uno se conectaba misteriosamente con los demás, y ella podía descubrir, sabia, los hilos que unían el todo. Así era Otto, así era su mundo interior.
_ A lo de Goethe. Es un viejo cincuentón, pintor y gay, que dice que es pariente lejano del Goethe alemán. Pinta cuadros gigantes de los dibujos que traían antes las cartucheras de Sarah Kay. Es algo realmente espeluznante
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